29 marzo 2005

Aprendiendo a escribir

He venido dándome cuenta que mucho de lo que escribo es a partir de alguna lectura que me hace pensar. ¿Me volveré monotemático?

Esta ocasión se debe a que estoy leyendo un libro llamado "Defensa apasionada del Idioma Español" de Álex Grijelmo y en él ha estado mencionando errores comunes que encontramos en los diarios especialmente por calcos que hacemos de otros idiomas y se van volviendo costumbre en español (mala costumbre). Y me entra la inquietud, yo que estoy escribiendo ahora de nuevo y atreviéndome a publicar, puedo estar cometiendo cientos de esos errores sin saberlo. Andrés Huratdo escribía sobre un tema parecido en su columna de hoy en El Tiempo y advertía que muchas veces esos errores son por absoluta ignorancia y ni siquiera imaginamos que podemos cometerlos

He reconocido en mis escritos el uso excesivo de la partícula "que". A veces hago el esfuerzo de evitarlo pero él (¿o ella?) se escurre sin ser visto y aparece donde menos lo espero. A veces también uso muchos adverbios terminados en "mente".

Anticipadamente me disculpo con mis lectores por cualquier barbaridad que sea encontrada en estos escritos. Encarecidamente pido me las hagan saber para aprender a escribir en español (¿o en castellano como muchos dicen por ahí? al fin y al cabo la Real Academia es de la Lengua Española pero he leído que se puede en ambas formas...)

26 marzo 2005

Agonía de 15 días o 15 años

22 de marzo de 2005

Hace unos días venimos oyendo sobre el caso de una mujer enferma en Estados Unidos (Terri Schiavo) en estado de parálisis cerebral o alguna enfermedad que la ha tenido postrada por 15 años. Su esposo (o ex esposo porque ya se casó de nuevo) solicitó a un juez el permiso de retirarle la alimentación y dejarla morir. El juez autorizó retirar las sondas por las cuales era alimentada y los padres de ella se han opuesto a que su hija muera de hambre y han interpuesto las acciones legales que han considerado apropiadas para evitarlo.

Obviamente no conozco en detalle la historia pero me pongo a pensar sobre si tenemos derecho como humanos a matar de hambre a otra persona. ¿Estamos pensando en ella o en nosotros? Ella no puede comunicarse y no sabemos si entienda algo de lo que está pasando. Su esposo asegura que alguna vez antes del accidente que la envío a la cama por 15 años dijo que prefería morir a estar en esta situación y ese es el argumento que logró la autorización para desconectarla (después de años de lucha jurídica)

Mientras ella muere, los demás discuten. Ojalá todos lo hagan por el bienestar de la paciente o lo que más le convenga. Tal vez una agonía de 15 días muriendo de hambre sea el precio justo para terminar con una de 15 años, de ella y sus allegados. Por lo pronto pido que pase lo que deba pasar y Dios ilumine las decisiones de quienes deban tomarlas.

Huyendo

20 de marzo de 2005

Ayer encontré una noticia que me sacudió. En Manizales unos hombres fueron hasta la oficina de un congresista y lo abalearon junto a quien estaba con él. Aunque esta parte de la noticia es impactante lo que me afectó fue lo de la persona que acompañaba al congresista. Había pedido una cita con él para pedirle le ayudara a conseguir rural, era un estudiante de medicina a punto de terminar y necesitaba ubicarse pronto en su año rural obligatorio. Pidió cita con el congresista y lo sorprendió la muerte sin habérselo esperado. Aunque en general nadie espera su muerte, este hombre pidió cita con ella, la cumplió y la puntual muerte lo atendió, debidamente. Esa mañana al salir “no sabía que la luz de esa clara mañana era luz de su último día”[*]

En el mismo periódico donde estaba esta noticia encontré otra en la que el escritor colombiano Santiago Gamboa hablaba sobre su más reciente novela y al hablar de sus personajes decía algo como “todos huyen de algo”. ¿Huimos todos de algo? ¿En cuál novela nos encontramos y de qué huimos?

Y este estudiante, que seguramente le huía a la muerte como todos nosotros, en su carrera de escape no se dio cuenta que “el azar se le iba enredando, poderoso, invencible” [*]

Como el cuento de El jardinero del Rey y la Muerte (El gesto de la muerte, Jean Cocteau). Por huir de ella, él al contrario hizo lo necesario para encontrarla, como había estado escrito desde siempre.

Debo Terminar porque hay algo de lo que estoy huyendo y si no me apuro tal vez se me escape y lo pierda.
[*] De “Causas y Azares”, Silvio Rodríguez

Postscriptum: esto lo escribo el 15 de agosto de 2005 aunque el caso pasó hace alrededor de 10 días. Un hombre ingresó a una clínica bogotana a un chequeo médico y casualmente estaba en la habitación que había tenido hasta hace poco un narcotraficante y casualmente llevaba el mismo apellido. Un sicario llegó a asesinar al narcotraficante y mató al inocente paciente e hirió a dos familiares suyos. Definitivamente nadie se muere la víspera, como en el cuento del Jardinero del Rey.

16 marzo 2005

Congolos, Gallinazos o Recortados

9 de enero de 2005

Hoy que es el sexto aniversario de la muerte de mi papá he estado tratando de recordar las historias que él nos contaba. La que más recuerdo (y también la que menos porque los detalles se han disuelto a través del tiempo) es la de las tres grandes ramas de familias Duque que vivían en Samaná. Eran los Congolos, los Gallinazos y los Recortados. Al menos así los llamaban. No tenían relación de parentesco entre sí. Recuerdo que los recortados eran llamados así por su baja estatura, no recuerdo nada de los Congolos y los Gallinazos y creo que nosotros venimos de la rama de los gallinazos. Habrá que ver si es cierto.

Recuerdo también la historia del año nuevo de 1953 en que la “chusma” tomó por asalto la base aérea de palanquero y un sargento borracho que estaba de permiso y fue a pasar la noche en la base fue quien se apersonó de la ametralladora y en fin de cuentas salvó las instalaciones. Recuerdo las descripciones de las heridas de bala y cómo fueron oficiales de la base a despertar a mi papá para que atendiera los heridos o hiciera el levantamiento de los cadáveres.

Vagamente recuerdo cuando mi papá estudiaba en San Gil y tal vez en un días de elecciones hubo enfrentamiento entre liberales y conservadores y los estudiante lo contemplaban desde la ventana del sótano del colegio, que estaba a ras con el piso de la calle. Los habían escondido allí, a los estudiantes, para protegerlos de los enfrentamientos.

Y empiezan ahora a aparecer historias sobre mi papá, contadas por mi mamá. El hombre al que le ajustaba la mandíbula cada vez que se le desacomodaba y siempre era a media noche. El hombre que perdió su dedo corazón en una riña a machete y que siempre que pasaba por la droguería saludaba a mi papá con ese dedo, porque mi papá se lo suturó de nuevo a la mano y lo salvó. Innumerables casos de personas que el buen criterio médico de mi papá permitió diagnósticos tempranos de enfermedades graves.

Recuerdo cómo íbamos a desayunar a la plaza de mercado cuando yo estaba de vacaciones del colegio o la universidad y tanta gente que lo saludaba al pasar y él devolviendo los saludos incluso sin saber quién había sido el saludador.

Los sombreros y el poncho, también los tenis cuando iba a la finca. Los paseos en el camión de Don Benjamín, los grandes trozos de lomo que compraba y los desayunos con una gran taza de café negro, sentados en las bancas de las mesas de la finca. También cuando él abría los broches porque no dejaba que ninguno de nosotros lo hiciera, solo abríamos las puertas de golpe.

Hoy cumpliendo seis años de fallecido me llama mi mamá a contarme que la tía Elvia, hermana de mi papá murió también un nueve de enero.
Y esto me decide a escribir algo de las historias que recuerdo. Es probable que este “En Medio del Ruido” tenga continuación en algún otro a medida que vaya oyendo nuevas historias o recordando algunas otras ya contadas.

La alegría de la vida

En enero de 1999 mi papá acababa de morir. Estábamos velándolo en la funeraria de Cristo Rey en la 99. En una ocasión durante esos días salimos Julián, Gonzalo y yo y nos encontramos a charlar afuera de la funeraria y encontramos un embolador al cual le pedimos nos lustrara los zapatos a los tres. Hablamos con él, una muy buen persona. Cada embolada costaba algo como mil doscientos pesos, muy barato incluso para la época. Alguno de los 3 sacó un billete de cinco mil, le pagó y le dijo que podía quedarse con las vueltas. Aún recuerdo la alegría y el agradecimiento de este señor. Cuando eventualmente recuerdo este caso me pongo a pensar cómo podemos alegrarle el día a alguien con pequeños detalles, pequeños para mi, grandes para ellos.

Como cuando en una época navideña en Unicentro estaba viendo algunas cosas en un puesto de UNICEF. Después de pagar las compras se me ocurrió despedirme con la frase “que tenga una feliz navidad”. Una cliente que estaba a mi lado me miró sorprendida y el señor que me atendió también se asombró y me respondió con una sonrisa brillante que me deseaba lo mismo. Durante ese día hice el ejercicio, a partir de ese momento, de despedirme de esa manera. Desde ese año cada navidad hago el propósito de desear cuando me despido de quien me ha atendido. Usualmente la respuesta es como la primera vez, sorpresa y alegría del destinatario del mensaje. ¿Qué pasaría si en vez de hacerlo al despedirme lo hiciera en el primer saludo?
El resto del año el objetivo es saludar por el nombre a la persona. Entonces, ¿para qué los botones tan bonitos que adornan sus uniformes? Cada persona se siente diferente cuando uno los trata e manera diferente.

La alegría de la vida está en los momentos rutinarios y nosotros los dejamos pasar mientras esperamos los trascendentales.
Volviendo al cuento del embolador... qué son unos pocos pesos para nosotros y qué significan para él. Muchas veces perdemos la dimensión de las cosas cuando nos acostumbramos. Pensamos que ellas tienen el mismo valor para todos y la vida nos muestra que no es así. Los momentos, vivirlos al máximo, mi clave para la felicidad. Cada uno de ellos es especial, como cada uno de los seres humanos

Ilusiones y Esperanzas

13 de noviembre de 2004

Hoy me duele escribir. Más que una figura poética en realidad tengo un absceso en el dedo corazón de mi mano derecha y el ejercicio de escribir es doloroso. Por lo demás no hay dolor sino esperanzas e ilusiones. Hoy empiezo mi nueva vida con Clauz, hoy dejo de ser yo solo para ser parte de un cuerpo formado por dos personas. Y mis sueños me muestran una vida larga en su compañía, hasta que la muerte nos separe como aprendimos en las novelas.

Hoy quiero volver a las ilusiones de mi infancia, hoy más que nunca quiero que Mauricio el niño se haga presente porque pienso que solamente si él me muestra las caras bonitas de la vida podremos lograr el sueño. Todos me dicen que será difícil y al mismo tiempo maravilloso. Los ojos del niño como un calidoscopio me mostrarán todo lleno de destellos y colores sin importar lo duro y difícil. Siempre habrá luz en el túnel, no solo al final sino en todo su trayecto.

La juventud es idealista. Esos ideales vuelven en la vejez con la desesperanza por no haberlos logrado y al mismo tiempo la esperanza de que serán logrados por las generaciones posteriores. Hoy quiero que mis ilusiones permanezcan, construir una especie de puente por donde las ilusiones caminen y crezcan sin involucrarse con los desasosiegos de la vida diaria. Así, la vejez me encontrará con las ilusiones de la niñez y el brillo en los ojos por haber caminado con ellas toda la vida y haberlas cumplido y transmitido a los que estuvieron cerca de mí.

Mis ilusiones en mi vida de pareja con Clauz se verán como las más importantes, brillantes y ellas mismas tendrán una sonrisa perenne.

Y hoy empiezo, empezamos, a hacerlas vivir.

Nada es como parece

La primera noción que tengo de lo relativa que puede ser la realidad, de que no hay una sola verdad sino tantas verdades como opiniones haya involucradas sucedió hace bastantes años, mientras iba en una buseta por la Avenida Caracas. Fue antes de la troncal Caracas, mucho antes de Transmilenio, cuando los árboles y no el concreto abundaban en esa avenida.
Una señora detuvo el vehículo, se asomó por la puerta sin subirse. Tengo que aclarar que mi ruta tomaba por la calle 80 y en esa época había transporte que para llegar a su destino, podía ser el mismo sitio, tomaba la calle 68 o la 80.

La señora, aún en la calle y con voz suficientemente fuerte para que escucháramos, preguntó al conductor:

“Señor, ¿va por la 68?
No señora, por allá no voy.
Ah, bueno. Entonces sí me sirve.”

Los que íbamos adentro apenas pudimos reírnos. Desde entonces no se me olvida este sucedido el cual me enseñó que nada es como parece.

En Medio del Ruido

30 de Octubre de 2004

Durante los últimos días he estado descubriendo cuán inmerso me encuentro entre el ruido del diario trasegar, especialmente el que nos llega por las noticias. En la última semana he descubierto rasgos de diferentes temas entre la mezcolanza que fluye por mi cabeza y espero pase sin quedarse en ella demasiado tiempo.

Cabrera y Rentería, Serie Mundial, la maldición del Bambino, Kerry y Bush, Irak, elecciones, encuestas, también empates técnicos. A propósito de encuestas también estuve un rato empantanado en los resultados de la encuesta de valores y ambiente laboral de Pfizer (bastante ruidosa por llamarla de alguna manera).

Y sigo con la lista: negociación con Paras, negociación del TLC, negociación de Teleoperadores con CNN, intercambio humanitario, corrupción, El secretario de la OEA, expresidente de Costa Rica preso por recibir “coimas”... Todo esto sin contar el ruido mismo que yo introduzco en el ambiente, en mi intranquilidad.

Todo esto del ruido empieza y termina cuando me pongo a pensar sobre cuán poca información recibimos de todos estos temas y pretendemos pontificar sobre lo bueno y lo malo con tan pocos argumentos y recibidos de fuentes tan parcializadas (los protagonistas, Julio Sánchez Cristo, los noticieros de los canales privados, El Tiempo...) Llenos de datos, o al menos eso pensamos, nos lanzamos a juzgar y gracias a Dios a buscar soluciones a los problemas del país, de los demás y algo de los nuestros.

Últimamente ha venido a mí reiteradamente el cuento de los seis ciegos y el elefante: cada uno conoció a su manera al animal, para cada uno es su verdad. Seis verdades que vistas desde afuera son parte de una sola realidad. Seis verdades que vistas individualmente y en oposición a las otras son motivo de conflicto. Y de repente me siento un ciego entre millones, defendiendo mi verdad sobre este elefante cuando es solo una de tantas verdades. Me inquieta entonces saber si la mía es la oreja, la cola, el colmillo, la trompa o cuál otra parte del elefante.

Hoy puedo celebrar el ruido que tendrá Bogotá este fin de semana. 10 años de Rock al parque y soy feliz de estar envuelto en esta ciudad que se ha dado el permiso de conocerse en medio del ruido y está más allá del gobernante de turno, esté uno o no de acuerdo con su verdad (y su propio ruido).

15 marzo 2005

En los últimos días

En los últimos día he visto cómo la vida se encarga de dar respuesta rápida a mis pedidos, ruegos que a veces yo mismo no me entero que hago. Y me ha mostrado cómo estamos interconectados con los amigos, la familia e incluso con los extraños de una manera generalmente incomprensible y lo mejor que podemos hacer es aceptarla como tal.
"Cuando mi Dios no viene manda el muchachito" ha sido una de las frases más famosas que mi mamá repite cuando la vida nos muestra esa solución que tanto ansiamos. Y a mi me ha mandado todo un jardín infantil lleno de muchachitos para mostrarme "que la vida es bonita y en colores", como dice Silvio. Y a pesar que por la ventana vea que en Bogotá ha empezado a llover de nuevo, el cielo me ha mostrado mil cosas a las que puedo recurrir cuando estoy inmerso en la niebla. Yo escogeré cuál faro encender, incluso puedo tener varios. Se que cualquiera me va a llevar por el camino correcto.

26 de abril de 2004

14 marzo 2005

Mis compromisos

Apreciado lector

No pretendo establecer controversia con los artículos o textos publicados en este sitio. Simplemente es una forma que utilizo para publicar lo que pienso (o pensaba, si he cambiado de opinión) y cómo veo las cosas desde la mitad de la barahunda que nos envuelve en estos tiempos. Hay tanto ruido en lo que nos llega que seguramente lo recibimos distorsionado o incompleto.

Esta es una versión distorsionada e incompleta de mi realidad y tal vez haya alguien que concuerde con ella en algunas cosas.

No se pretende dictar cátedra ni ser dogmático, especialmente porque muchos temas serán muy personales de tal forma que no hay dogma que valga.

Bienvenido, disfrute los textos y por favor no los copie ya que son de mi inspiración y sería como secuestrar a mis hijos.

Recuerde que además de estas entradas encontrará más a través de los links de Ruidos Archivados