23 abril 2005

La magia de las palabras: De Supercalifragilistcoexpialidoso a Hakuna Matata

4 de abril de 2005

Estuve viendo el otro día Mary Poppins, la película de cine, en su edición de aniversario 40 y rápidamente Clauz la definió con una palabra: Mágica. Para los que no la conocen o recuerdan bien Mary Poppins llega volando colgada de una sombrilla, en contra del viento después que los niños Banks, Jane y Michael, escriben una canción donde describen la niñera que desean. Su padre rompe el papel donde han escrito la canción pero los pedazos vuelan por la chimenea, se unen de nuevo y finalmente llegan donde Mary.

¡Cosas de niños! Podría decir el Almirante Boom o cualquier otro adulto. Mi niño interior casi exterior me dice que no lo tome tan a la ligera porque así, mágicamente, las cosas suceden después de pedirlas. Y no solamente fue la niñera, también fue mágico el baile de los deshollinadores, la visita al techo en la casa del tío Bert y el té flotando sólo por pensar en cosas alegres, el paseo por las pinturas en la acera (dentro de las pinturas, valga la aclaración), aunque la cúspide se logra en la palabra que se dice cuando no hay nada más que decir: “Supercalifragilisticoexpialidoso”. Parece una palabra catalejo (el Ponche de los Deseos, Michael Ende), de esas que se forman uniendo una y otra palabra y que se van extendiendo por segmentos, como un catalejo.

Como puede verse, este escrito parece no querer referirse al mundo de los adultos porque ‘El Ponche’ es un cuento para niños, al menos así ha sido catalogado por los adultos. ¿Acaso será que los adultos nos hemos privado de la sabiduría infantil? En qué punto cambia la literatura infantil a literatura fantástica o viceversa. Al menos ambos términos comparten las letras “fant”. No se si sea etimológicamente acertado pero desde hoy, para mi, fantasía e infantil son frutos del mismo árbol, llenos del mismo aroma y tal vez alguien se empiece a preguntar sobre cuál fue primero, a la manera del cuento del huevo y la gallina.

Pues sí, supercalifrágilisticoexpialidoso. Cuando no hay nada más que decir es la palabra con la que debemos proseguir y terminar. Pero como la fantasía vive (¿en un libro de tapas color cobre con dos serpientes entrelazadas en la portada?) el poder de las palabras no terminó hace 40 años con Mary Poppins. Sigue vivo y quiere llegar a poseer ese poder. Mientras tanto… Hakuna Matata, para continuar agregando magia a través de palabras llenas de ella.

18 abril 2005

Reglas del juego

9 de abril de 2005

Jugamos la vida: la vida es un juego del que nadie nos ha enseñado las reglas. Y jugamos lo que nos parece es lo mejor aunque no tengamos certeza que vamos en la dirección correcta. Es como jugar parqués del cielo a la cárcel. Hace muchos años vi un episodio de Dimensión Desconocida en el que unos extraterrestres llegan a la tierra diciendo que iban a destruirnos por nuestro comportamiento inadecuado. Antes la amenaza inminente se reunió en pleno la Asamblea de Las Naciones Unidas y antes que se agotara el corto plazo dado por los visitantes para solucionar el problema se firmó un mamotreto de compromisos por la paz mundial. Con mucho orgullo este documento es presentado a los amenazadores extraterrestres y ellos solo se ríen y acaban por confirmar sus intenciones de terminar con la humanidad porque era precisamente ese espíritu pacifista el que, según los verdugos, el que nos estaba impidiendo progresar.

¿Vamos directo al hoyo creyendo estar haciendo lo correcto? ¿Existe un camino correcto y los demás equivocados? Puede ser cuestión cultural. En diversas naciones el mismo acto es interpretado de maneras opuestas. ¿Son nuestras normas solamente artefactos de creación humana o tienen la inspiración divina que algunos a veces alegamos? Esta época tan convulsionada que vivimos parece ser el momento del cambio que nos permite alinear a los seres humanos hacia el fin o propósito verdadero de nuestro paso por la tierra. Parece que finalmente vamos a tener un manual de instrucciones y reglas del juego claras. Solamente nos faltará empezar a jugar de nuevo.

Cada muerte de obispo

4 de abril de 2005

Existe un dicho que se usa para eventos que ocurren esporádicamente y se dice que ocurren “cada muerte de obispo”.

Ha muerto un obispo muy importante. El Papa Juan Pablo II murió que el mundo siguió su deterioro en la televisión durante los últimos años, especialmente los últimos meses.

Un acontecimiento así de infrecuente y a la vez tan importante es de verdad una rareza como lo puede ser un eclipse total de sol o el paso del cometa Halley. Suceden con muy poca frecuencia pero en un periodo de vida humana promedio se tiene la oportunidad de verlos dos o tres veces (aunque es difícil tener la oportunidad de ver en la misma vida el Halley en apariciones de ciclos diferentes, setenta y pico años de diferencia).

Hace 26 años, cuando tuvimos en pocas semanas la oportunidad de conocer la elección de dos papas, vimos una cobertura de medios completamente diferente a lo que podemos esperar ahora. Eso es sólo una manifestación del cambio que hemos presenciado. Y si lo comparamos con el momento de la elección de Pablo VI la brecha es mayor aunque es evidente que desde ese momento la aceleración en el cambio no se ha alterado y por eso la velocidad de éste se incrementa de manera permanente. ¡Qué vértigo!

Se han escuchado comentarios sobre la importancia del papa que acaba de partir. En la historia de todos los papas es reconocido un verdadero punto de inflexión que ha permitido sugerir que Juan Pablo II sea llamado “El Grande”. ¿Cuánto ha cambiado la humanidad durante este lapso? ¿Hemos sido testigos de un silencioso cambio de dirección, de tendencia? Al fin y al cabo eso es lo que trae consigo un punto de inflexión.

El inconsciente colectivo al parecer es más sabio que cualquiera de las individualidades. Por más que las élites (políticas, económicas y religiosas) estén dándonos las reglas del comportamiento humano son las bases de la pirámide las llamadas a construir la historia y a enderezar o torcer el camino (cualquier opción puede ser la correcta) y por más que hayamos presenciado 26 años de cambio que repercuten en la historia del catolicismo y de la humaniad no es la figura del papa la que realiza el cambio. Él sólo ha sido el impulso, el guía, el ejemplo o como queramos llamarlo. Es el ser humano, la humanidad, la que ha movido este cambio, sin importar el importante papel de sus dirigentes, como Juan Pablo II. Es el momento de reconocer a la humanidad por moverse, por cambiar. Ha sido el espíritu colectivo el que se ha movido o ha hecho que nos movamos. ¿Es ese espíritu colectivo lo que las religiones han llamado Dios? ¿Es el que nos está mostrando el camino a Dios? El camino correcto será el que definamos colectivamente, sin intervenciones y siguiendo nuestra “verdadera voluntad”. En realidad, ¡qué cosa tan difícil es seguirla!

Hemos sido testigos de un hecho doblemente infrecuente la muerte de un papa y la muerte de un líder mundial. Pocos momentos de la historia coinciden de esta forma. Aprovechémoslo para el bienestar de todos (vivos y por vivir).

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