02 enero 2006

El Miedo; el que hiere de lejos

En Bogotá, la nochevieja de 2005, Amelia, Sara y Tomasa se encontraban en el refugio que era su hogar. Las tres ancianas aguardaban un año nuevo más en su vida, uno de los muchos que ya habían pasado y uno de los pocos que restaban en sus vidas, según decían ellas mismas. Eso pensaban cuando un fuego de artificio que en Colombia llamamos "volador" se introdujo en su casa y causó un incendio. Los voladores son elementos pirotécnicos autopropulsados que están amarrados a una vara de vegetal (caña brava) y deben elevarse explotando en el cielo con un gran estruendo. Están incluidos en lo que en el país es llamado "pólvora" de un modo genérico.

Las mujeres no pudieron escapar de su casa. La pólvora manejada por aficionados se encuentra prohibida en Bogotá por la gran cantidad de quemados que ha producido a lo largo de la historia. Como siempre, no faltó el gracioso quien se creyó el "más macho" por violar las leyes y asegurar que sin pólvora no hay Navidad, no hay año nuevo. Hoy mientras pasa la borrachera no debe tener ni idea que tres personas murieron por su mano.

Los animales de la selva, personajes de El Libro de las tierras vírgenes de Rudyard Kipling, llaman de varias formas al ser humano pero hay dos que me impacataron desde la primera vez: "El Miedo" y "el que hiere de lejos" (porque es el único animal que puede herir a sus presas sin acercárseles). Nunca pensaron que el hombre (el animal sin pelos en la piel) puede herir sin acercarse a sus propios congéneres y es el miedo para sí mismo. Es su propio verdugo.

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