27 enero 2006

Más allá de la ficción

Cuando las ventas de un libro las determina si aparece o no en el show de Oprah Winfrey corremos riegos absurdos. Como el de reconocer que la supuesta verdad contada por el autor termine siendo "una idea". O una mentira, como ella misma tuvo que reconocer en su programa. Si el libro del escritor James Frey, "A Million Little Pieces", resultó incluyendo ficción, alterando apartes de su vida para darles más dramatismo y hacer que se vendiera más, termina siendo culpa de todos. Se resume en una sola causa: es culpable el sistema que favorece los libros en los cuales la gente sufre, como en las películas, porque así venden más.

Terminan perjudicados todos menos el autor que ha recibido una inusitada nueva publicidad; aunque, como son los gringos, no sería extraño que terminara demandado por cada uno de los compradores o lectores de sus dos millones de copias vendidas. Perjudicado el escritor de "no ficción" porque ahora tiene que recopilar pruebas adicionales de que su libro no incluye alteraciones de la verdad, algo casi imposible; o advertir que su libro puede tener algunas "dramatizaciones y alteraciones de la verdad causadas por el largo tiempo transcurrido entre los acontecimientos perdidos en la bruma del pasado y el momento de la escritura del libro, al igual que por ligeras licencias literarias tomadas por el autor, los correctores y los editores."

Los lectores van a dudar de ahora en adelante de cualquier libro que se denomine "memorias" o caiga en esa categoría así su nombre sea diferente. Los editores se curarán en salud y exigirán demostraciones y juramentos al igual que exhibirán documentos legales en los cuales se eximen de la responsabilidad y se la adjudican por completo al autor.

Y terminamos todos en esta maraña de acusaciones, salvamentos de voto, demandas y llantos. Cada uno se excusará y terminaremos los lectores como culpable al no haber nadie dando la cara. La cultura del atajo, de la trampa. Nos dicen que los latinos somos maliciosos por herencia reciba del acervo árabe en los españoles y de los indígenas americanos. No hay tal. Todos los humanos tenemos en los genes la proclividad al fraude. No importa cuánta melanina lleve nuestra piel o cuántas esposas tengamos.

Los añadidos del señor Frey terminan siendo como cuando los niños cuentan sus vacaciones a los compañeritos del colegio, agregando una cosita por aquí y otra por allá para que sea mejor a la del otro.

No hay comentarios.:

Recuerde que además de estas entradas encontrará más a través de los links de Ruidos Archivados