10 enero 2006

Releyendo a Gabo

Acabo de terminar "Vivir para contarla" el primer tomo, el único publicado al momento, de las memorias de Gabriel García Márquez. Fui a donde mi suegra en busca de Cien años de Soledad para releerlo y, aunque no lo encontré, sí hallé esta obra que no conocía.

Gabo es uno de los escritores que más me gusta, así parezca respuesta de reina de belleza. Su manera de usar el lenguaje me encanta aunque tengo que confesar que el primer libro que leí de él no me gustó para nada. La Hojarasca, su primera novela; lo enfrenté cuando estaba en segundo de bachillerato, el mismo año que, a pesar del terror del rector del colegio, leí "Metamorfosis" de Kafka. Quien lea esto crería que tengo un inmenso historial de lecturas y al parecer esa era la tendencia que en algún momento se extravió. Incluso cuando me encontraba con Rafael Mauricio Fonseca, compañero del colegio, me preguntaba qué estaba leyendo. Y en los últimos encuentros no supe qué responder. Eso fue hace casi 20 años.

Gabito, como lo llamaban en su familia desde muy temprana edad, nos cuenta tantas cosas de su vida haciendo énfasis en su camino a ser escritor, aunque allí la involucra toda hasta que viaja a Europa, donde finaliza el primer tomo. Mientras leía se me ocurrió una frase publicada hace un par de días en este mismo blog sobre los amigos, porque gracias a ellos García Márquez tuvo las oportunidades de mostrar sus capacidades, así como le debemos a los nuestros lo mismo todos los demás humanos. Nos muestra de dónde salieron muchos de sus personajes, algo sobre cómo escribir, mucho de quiénes fueron sus maestros y un montón de historias fantásticas de las mismas que nos suceden a todos y no las vemos así de hermosas hasta que la magia de un maestro nos las cuenta.

Tal vez no sea el mejor de sus librospero es muy bueno. Hace poco releí "El amor en los tiempos del cólera", me fascinó como la primera vez y es definitivamente más rico; al fin y al cabo son géneros diferentes. Pero como uno de los escritores más ricos, siempre es bueno releer sus libros. Tal vez vuelva a leer la hojarasca, con los ojos de hoy, lo mismo que los cuentos de sus primeras épocas que nunca me han gustado, todo lo contrario a otros como "El ahogado más hermoso del mundo", el primero en una hipotética lista que algún día concretaré de cuentos maravillosos.

También releeré algún día "El sonido y la furia" de Faulkner. Lo leí en sexto de bachillerato cuando unos compañeros de curso expusieran para la clase de literatura y no me gustó; en cambio Jaime Alberto Durán, uno de los del grupo expositor, hablaba maravillas de él. De nuevo, habrá que releerlo con los ojos de hoy, con los de un escritor en ciernes que trata de aprender de los maestros leyéndolos.

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