24 enero 2006

Retrato

Un edificio en construcción cae en Nairobi, capital de Kenia, atrapando a los obreros que lo construían. Recuerdo el incendio de un centro comercial en Asunción y un programa en la televisión sobre las víctimas del terremoto de México en 1986. Tienen en común la corrupción y la búsqueda del beneficio propio perjudicando a los inocentes.

En Nairobi la causa fue una construcción deficiente, de las que hacen los que quieren ganar al máximo sin importar las consecuencias. En Asunción unos empresarios inescrupulosos cerraron las puertas para que el agente no huyera sin pagar cuando se declaró el fuego. En México, la mayoría de los edificios destruidos por el terremoto sufrían la misma osteoporosis del de Kenia en los materiales usados para construirlos y cayeron como naipes. En mi país podríamos incluir muchos casos para esta lista de la infamia.

No es exclusiva de estas tierras el ansia de enriquecimiento fácil. La mayoría de los humanos olvidamos elementos esenciales de solidaridad cuando de obtener bienes o dinero se trata. No importa si hay que acabar con la fauna de una reserva natural; hay que conseguir el alimento para cientos de personas y la supervivencia humana se impone a la naturaleza. Tampoco importa lo que se haga si necesito el dinero para el teatro casero que me permitirá ver el mundial de fútbol en un televisor más grande que el de mi vecino.

Siempre hay una excusa. Si el de al lado comete alguna falta o transgrede la moral es un delincuente merecedor de la cárcel más infame. Pero si lo hago yo siempre tengo un atenuante, una excusa y soy una pobre víctima del sistema injusto.

Doble moral. Sepulcros blanqueados. Los rostros de los humanos se contraen al ver al político ladrón pero se hacen los ciegos ante el espejo que muestra el rostro culpable. Menos mal no tenemos que vernos sino una vez al día y ya.

Y para completar cada vez somos más humanos sobre la tierra. Como las ratas de laboratorio, cuando hay demasiadas en una jaula empiezan a atacarse y surge el canibalismo. ¿Hace cuántos miles de millones de habitante pasamos el límite del hacinamiento en este planeta? Y nos comemos los unos a los otros.

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