02 febrero 2006

El día más famoso

Cómo no hablar del día más famoso de Bogotá. Una jornada en la que se nos olvida el carro particular y buscamos medios de transporte alternativo. La mayoría de los conductores usan el taxi ese día, pero hay algunos que se le miden a la bici.

Pensaba salir a tomar fotos para este blog pero el día estuvo gris y no hubieran salido bonitas. Además que me daba susto la inseguridad de andar con mi camarita por la calle.

Estuve toda la mañana por la calle en la bicicleta que me prestó mi hermano y descubrí la red de ciclorrutas, aunque esa red parece una atarraya enredada en el río y rasgada al salir. Es frecuente que la ciclorruta termine de manera abrupta y haya que tomar la vía de los vehículos, con el riesgo que implica algún conductor furioso. Tragué humo como un desesperado. El número de vehículos disminuye a un 10% (eso dicen) pero los que quedan son los más contaminantes. No se cómo hace mi hermano que todos los días se mueve en bici por la ciudad, con esa humareda tóxica de los buses.

Esta ocasión no se activaron las ciclovías dominicales. Hubo que usar las ciclorrutas y los que esperábamos al menos un carril en las vías que suelen tener ciclovía quedamos fríos. Pero eso hace que sea un día más y no un día de fiesta como fue en sus primeras ocasiones. Usamos la infraestructura que tendríamos cualquier otro día, mostrando que podemos usar los medios alternos cualquier día del año, si nos aventuramos entre el humo, en los taxis o en los transportes colectivos.

A pesar de la displicencia del alcalde Garzón (dos años y nada que me convence ni un poquito) la jornada es exitosa. Ya se va volviendo un día más de la ciudad y debemos buscar alguien que nos reavive la euforia de las primeras veces. Recuerdo esa vez, fui al trabajo en bicicleta y el regreso fue pasado por agua. Hoy a pesar del día gris no llovió.

Hay algo que olvidaba y es que cada vez veo más mujeres usando la bici. Antes no pasaban de sus monaretas, hoy usan como cualquier hombre las ciclorrutas y se transportan por sus propios medios, en un caballito de acero. A lo mejor cuando las mujeres se atrevan a usar más los pedales, podremos pensar que ellas convenceran a sus parejas, como saben hacerlo muy bien.

Y aquí acaba este post, en un lenguaje y en un modo tan diferentes a los anteriores que se va a ver como la uva pasa del arroz con leche.

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