26 febrero 2006

En Ciudad de México, frente al Hemiciclo de Juárez y en diagonal a Bellas artes, un artista callejero nos regaló algo de su historia.
Foto MDA, noviembre 2005

24 febrero 2006

Harry VI

Ayer se lanzó el sexto capítulo de la historia de Harry Potter en español, por toda latinoamérica y España. No voy a discutir la calidad del escrito porque no tiene sentido hacerlo. Me asombra la fidelidad de sus lectores, entre quienes me encuentro, la parafernalia que se monta con cada lanzamiento sea de una película o un libro, y cómo esta escritora logró lo que muchos otros no pudieron: poner a leer por gusto un libro de 500 páginas o más a niños y adolescentes. Los adultos que lo leemos con fruición estamos más acostumbrados a libros largos aunque seguramente haya algunos que no son lectores muy frecuentes pero andan detrás de las últimas noticias de la escuela Hogwarts de magia y hechicería.


Tengo la fortuna de haber leído este capítulo cuando fue lanzado en su idioma original. Parte de mi actual conocimiento del inglés ha sido producido por forzarme a leer algunos autores en su idioma original, cuando puedo. No pasé de la segunda página en libros como ‘The Jungle Book’ (El Libro de la Selva) del Nobel Kipling o ‘Silmarion’ de Tolkien. Pero he disfrutado de estos libros de Potter, alguno de Conan Doyle y muchos cuentos de Ray Bradbury en un inglés manejable para mí.

Empecé a leer a Harry Potter por su tercer libro después de encontrar un comentario sobre su éxito en un suplemento literario de un periódico de Medellín, cuando acababa de ser lanzado en su edición inglesa. Le pedí entonces a mis amigos en Estados Unidos que lo consiguieran para mi y me lo trajeran cuando alguno viniera. Muchos piensan que es el mejor de todos los libros de la saga así que tuve suerte de empezar por él. Me atrapó desde el comienzo como lo hizo Salgari con su Corsario Negro hace casi tres décadas y se convirtió en una obligación leer los dos anteriores. A partir de ahí he estado pendiente de los siguientes lanzamientos y con este último la incertidumbre creció porque pasaron cosas tan sorprendentes que el final esperado en el próximo libro puede ser incluso la muerte de todos los que aún viven.

No se si sea bueno para mi soñada carrera de escritos el favorecer las novelas de aventuras, de calidad discutible, en vez de preferir clásicos. Seguramente me estoy perdiendo mucho pero también leo, a veces, esas obras maestras. Mientras tanto retomaré un libro de Bradbury en español que anda por ahí sin terminar y les estaré contando.

Mientras tanto y para terminar les recomiendo la película Pride and Prejudice (Orgullo y Prejuicio). Me gustó.

23 febrero 2006

Joven y bella

En estos días de sequía creativa solamente tengo el recurso de las viejas fotos para publicar en mi bitácora.


Cuando tomé esta foto iba en el Turibus, en Ciudad de México, y solamente me interesaba tomar la foto de la "Diana Cazadora". Cuando pude ver la foto con cuidado me di cuenta que había quedado incluida parte de una valla de la más reciente campaña de jabones Dove, sobre la belleza natural. En el cartel aparece la imagen de una bella anciana, pero no salió en mi fotografía. El texto completo dice "Dove piensa que lo más bonito no siempre es lo más joven. ¿Estás de acuerdo?".

Me pareció curioso el texto de la valla, sobre lo bonito y lo joven, justo en frente de la cazadora. ¿Habrá sido ubicada así a propósito? Lo que tengo claro es que nunca pensé tomar la foto combinando los dos elementos, la hubiera tomado con más cuidado si me hubiera dado cuenta.

Esta foto la tomé en noviembre pero solo ahora la publico, cuando la campaña del jabón ha sido lanzada en Colombia.

19 febrero 2006

¿Y si somos nosotros?

Voy a dejar la costumbre de los domingos de publicar únicamente fotos y me voy a lanzar de nuevo al terreno político, con todos los riesgos de equivocarme. Pero prefiero dar rienda suelta al raudal que me atora, a tragármelo y atragantarme con él. Todo por la indignación que me abruma cada vez que los bandidos de las FARC matan o dejan morir, como pasó varias veces esta semana.

En Colombia todos tenemos claros a qué juega la guerrilla. Es una organización dedicada al narcotráfico y a sacarle la plata del bolsillo a la gente decente. Muchos dirán, al compararla con el 'establecimiento': "Caramba, qué coincidencia". Las FARC se han dedicado a vender en el extranjero, especialmente en una Europa con arraigados sentimientos de culpa, la imagen de luchadores por la comunidad, defensores de los pobres... bullshit, carreta, mierda como decimos los caribeños. Pero como nadie más se encarga de contradecirlos, y el único que a veces abre la boca es uno que otro embajador localizado esos países como premio a las maniobras clientelistas de nuestro presidente, pues la contradicción con los terroristas no pasa de ser un chiste.

¿Quién más podría encargarse de desenmascarar a los asesinos de las FARC sin untarse de la imagen corrupta del estado colombiano? Pues los de a pie, los de ruana como los llamaba en otra entrada de este blog. Cosa difícil dirán unos; jarta, aburridora, dirán otros. Pero debemos tomar ejemplos del extranjero, sabiendo que protestamos para que nos conozcan allá porque sabemos que los actores armados son sordos a lo que decimos nosotros y ávidos a escuchar las llamadas de larga distancia. Con razón o sin ellas los musulmanes protestan masivamente por lo que consideran la mayor ofensa a sus creencias. España sale a las calles enfadada e indignada contra otros terroristas y más o menos los están obligando a retroceder. Colombia, en cambio, se sienta a ver las novelas y las secciones de farándula en los noticieros.

El riesgo de tomar un posición de estas en público y liderar los movimientos no es sólo que nos maten. Es arar en el desierto de la indolencia colombiana aunque sabemos que con persistencia se logran cosas buenas. Se me ocurre que las concentraciones ciudadanas, marchas, caminatas o lo que sea deben dejar de lado el ámbito fiestero con el que empiezan siempre, destruyendo la credibilidad. Deben hacerse marchas serias de reflexión, con programas y planes a largo plazo, con el interés de rechazar el uso politiquero que alguien quiera darle, promoviendo la pluralidad.

Hay mucho contra lo cual luchar. Si es convocada entre semana la gente no va porque tiene que ir a trabajar. Si es un sábado, que vaina, debo hacer el mercado. Siempre hay alguna excusa. El problema es de convocatoria. No hemos sabido hacerla, nadie se ha apersonado del tema. Los blogs colombianos deberíamos empezar a mover el rechazo al terrorismo, venga de donde venga y luego bajar de ese ámbito tecnológico medio elitista a las convocatorias masivas. Las empresas de telecomunicaciones deben aportar lo suyo y no debemos dejar que el gobierno las lidere porque se nos acaba la ilusión. Es el precio del estado corrupto que nosotros mismos hemos creado. Pero no es diferente a cualquier otro país. La corrupción no es privilegio nuestro y hay cien países iguales, y no entro e nombrarlos porque se pueden ofender. Por tanto no es la excusa para tener un grupo delincuente como las FARC.

Cómo me gustaría tener un grupo como las madres de la plaza de mayo pero con miles de personas reunidas a diario en Internet, o periódicamente en las plazas de las ciudades. Soñar no cuesta nada.

Un nopal, en Teotihuacán
Foto MDA, noviembre 2005

18 febrero 2006

Rescatado del abandono

Esto lo publiqué en mi blog abandonado Tómalo con calma. He pensado en borrarlo, el blog, así que iré pasando poco a poco a éste lo escrito en aquél, con las respectivas aclaraciones.

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Uno debería aprender a dibujar tan bien que llegara a ser tan fácil como escribir

Vincent Van Gogh en Cartas a Theo

O algo así fue lo que leí en una de las paredes de la exposición de dibujos de Van Gogh en el MET. Y quién dijo que escribir era fácil. Solamente llevamos practicando garabatear letras por muchos años aunque vamos perdiendo la práctica gracias a los computadores.

Y yo parafraseo a Van Gogh. Uno debería aprender a escribir tan bien que lo escrito fuera tan fácil y rápido de apreciar como un dibujo.
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16 febrero 2006

Punto de encuentro

En una de mis recientes visitas a la Biblioteca Luis Ángel Arango en Bogotá me encontré el sitio en el cual la administración de la biblioteca responde muchas de las consultas que le son enviadas en diversos medios por los usuarios. Es una cartelera en la cual se fijan los mensajes enviados y la correspondiente respuesta. Es llamada "Punto de encuentro".

Pasa uno un buen rato leyendo los mensajes y las respuestas. Van desde los elogios hasta los reclamos. Puede encontrarse un largo mensaje en el cual se felicita a la biblioteca por su labor. Hay solicitudes de libros nuevos, a pesar que hay un mecanismo dedicado a realizar esas solicitudes específicas. Hay reclamos sobre la demora en el servicio. Consultas sobre el uso del nuevo sistema de información. Y cualquier tema que se nos ocurra a los usuarios.

Imagino a las personas encargadas de responder los mensajes. Muestran una elegancia envidiable para contestar preguntas complicadas o sugerir la solicitud de ayuda del personal de la biblioteca cuando la pregunta muestra cierta ignorancia. Por ejemplo alguien que se quejaba porque el sistema de consultas no facilitaba las búsquedas de una manera específica y la respuesta muy sobria le insinuaba que lo que el sugería ya estaba incluido y le recomendaban solicitar ayuda a los guías. También cuando se eleva una airada queja por la demora en la entrega de los libros en determinadas salas y el personal debe responder aceptando que es cierto y que se está buscando la manera de solucionar. Hay otras consultas más puntuales, de respuesta clara y fácil.

Fue un buen rato de lectura, diferente a lo que se puede esperar se encuentre en la biblioteca. Uno de esos momentos mágicos que uno se topa y le hacen salir una sonrisa y un sentimiento de reconciliación con la cultura bogotana.

15 febrero 2006

El oficio de escritor

Acabo de terminar un libro con este título. Es una serie de entrevistas hechas hace como 40 años a diferentes autores importantes, por parte de unos escritores jóvenes norteamericanos residentes en Europa quienes las publicaron en su revista Paris Review.

Encontré muchas cosas esclarecedoras. La primera es que cada uno hizo lo que le pareció. Otra que los entrevistadores inexpertos lograron a veces sacar la soberbia mayúscula de alguno de los entrevistados. Pero finalmente se aprende de lo que alcanzan a decir los famosos. Aunque cada uno tuvo su método, se mencionan aproximaciones o técnicas que fueron válidas para cada uno. Todas se reunen en la honestidad, en escribir para ellos mismos antes que para el público, en la disciplina, en reconocer lo que aprendieron de otros. Incluso en no hacer uso de falsa modestia. Si eran famosos, algunos ya eran Premio Nobel, ¿por qué negarlo?

Hubo una frase que me impactó. Vengo pensando hace días que escribir a diario en este blog no significa nada. Dijo lo siguiente T.S. Elliot:
El peligro, por regla general, de no tener otra cosa qué hacer es que uno pueda escribir más de la cuenta en lugar de concentrarse y perfeccionar cantidades más pequeñas. Ese sería mi peligro
Y no hay nada más claro. No tengo otra cosa qué hacer. Por eso soy consciente que escribo más de la cuenta.

13 febrero 2006

Tarde de toros

Ayer me invitaron a ver una corrida de toros. Si algún lector está en desacuerdo con dicha práctica, respeto su opinión porque también pienso que es una barbaridad. Pero no deja de gustarme algo y por eso decidí aceptar la invitación.

Era la primera vez que asistía a una de éstas. Durante muchos años escuchaba con mi papá las transmisiones por radio de las faenas y sólo podía imaginarme lo que era una manoletina, un pase natural, los toros corniveletos, débiles de remos o alguna otra descripción muy propia del arte de cúchares. De todas esas tardes pegado al radio aprendí sobre los tercios y sus cambios, las faenas, las ganaderías, los avisos, los indultos y por eso ayer no era completamente ignorante al respecto. Pero no tenía el transistor con la emisora transmitiendo la lidia. Aunque a falta de radio tuve un vecino de tendido que muy al estilo de Edilberto Reyes, el de la novela Los Reyes, me describía sin yo pedirle los movimientos y pases del torero, la descripción del toro, etc.

Pues, qué se dijera de la faena. Lo más importante es que no me afana volver. Prefiero la descripción incruenta del radio, así en la realidad se esté derramando sangre animal y se le esté haciendo sufrir. Pero hay todo un ceremonial bien bonito que sería muy interesante volver a ver si no incluyera el maltrato. A pesar de la corrida, aburrida en ocasiones, me gustó estar allá. Pasé una buena tarde en la plaza de la Santamaría. No lloré por el toro, ni sufrí náuseas por la sangre aunque si tuve mucha angustia cuando los toreros fallaban una y otra vez los intentos de matar al animal, o cuando los picadores y los banderilleros lo herían.

Como puede verse, es todo una mezcla de sentimientos confusos. Me gustó, pero no vuelvo. Sufrí con el toro pero pase una buena tarde. Es que hay mucho más que la lidia en una tarde de tauromaquia. Está la música como premio a la buena faena; estuvo la señora que acompañaba a la banda musical con sus propias castañuelas (fue mágico); el vecino con afición de narrador deportivo y que no se ha perdido una sola de las corridas de abono. Los otros del tendido que gritaban cualquier barbaridad, el señor que le gritaba en catalán al torero de Barcelona dándole ideas sobre como deshacerse de ese problema de quinientos kilos.

Así terminó la tarde en esta corrida de abono. No hubo remate, no hubo manzanilla (bebo poco alcohol) y no me ofendí por la corrida mediocre, al fin y al cabo no pagué un peso por ella. Fue bueno por el hecho de haber estado viéndola en vivo y en directo y por los adornos que le dan vistosidad. Por lo demás, quedará solamente esta entrada en mi blog como su único recuerdo.

12 febrero 2006

Atardece y desde New Jersey se observa el sur de Manhattan, en la otra orilla del Hudson. Unos jóvenes bajo el farol esperan lograr buenas tomas con su cámara.

Foto MDA, octubre 2005

10 febrero 2006

Morir para sobrevivir

Una mujer ha vuelto a la vida sin irse de ella. Maria Antonia Calvo había dejado de existir sin ella darse cuenta. Sólo cuando se dispuso a preparar la documentación para su matrimonio descubrió que había sido declarada muerta 14 años atrás. Así lo cuenta El País.

Dice que posiblemente el hecho es casuado por una herencia. Alguien quiso matarla sin tomarse la molestia de quitarle la vida y casi lo logra. Aleluya, ha resucitado y por fin se pudo casar.Hay quien diría que ha resucitado sólo para quitarse la vida de nuevo al contraer matrimonio.

Eso de contraer suena como una enfermedad infecciosa, y su comportamiento lo confirma. Se va propagando entre los bogotanos y son pocos los naturalmente inmunes al contagio. Aunque desde el punto de vista de la cultura popular, son los inmunizados los que finalmente no sobreviven. La mayoría de los contagiados perduran aunque sea en carnes ajenas. Aunque algunos de los inmunizados se dan las mañas para prolongar su existencia sin el sagrado vínculo del matrimonio y otros de los enfermos terminan allí y ninguna otra persona llevará sus genes. Estoy entre estos últimos.

08 febrero 2006

alter ego


Hola, yo soy Carlota y estoy escribiendo a escondidas mientras Mauricio no está. Clauz y yo lo llamamos el papá gato. Soy su niña consentida y llegué metida en una maleta en octubre pasado desde Cape May, NJ, Estados Unidos.

Mi mamá gata, Clauz, está segura que yo estoy para decir y pensar las cosas que Mauricio no puede, cuando trata de ser políticamente correcto. Yo, en cambio, puedo decir lo que pienso porque a los niños como yo todo se les celebra. No estoy muy convencida que él me necesite porque a veces sale con unos apuntes bastante ácidos, eso se lo aprendí muy rápido y por hacer ese tipo de interpelaciones es que me consideran su alter ego.

He visto que Mauricio escribe mucho en este aparato y de tanto observarlo le aprendí. También he notado que es bastante tranquilo y calmado en sus escritos, al menos en los publicados, y por eso me atreví a escribir algo diferente. Estoy para eso, ¿no? Para decir las cosas que él no se atreve o que las dice hablando pero no escribiendo.

Un día de estos les presento a mi hermanito Nico, todo dulzura. Es un osito azul algo fotofóbico (refunfuña cada vez que lo destapo en la camita y pide que apaguemos la luz). Mientras tanto les advierto que si aparece algo con cierto tono mordaz en estas columnas, o como se llamen, no lo escribió en realidad Mauricio sino lo hice yo.

Miau, miau. Ya viene el papá gato, voy a terminar....

Trasteo

Este sitio se está moviendo a

http://enmediodelruido.blogsome.com

Por un buen tiempo estarán vigentes ambos sitios y se avisará cuando éste cierre definitivamente.

07 febrero 2006

El placer de saber sin utilidad alguna

Hablaba Mauricio Pombo en su columna de El Tiempo, el jueves pasado, sobre el placer de saber algo por el puro gusto. Sin utilidad manifiesta, simplemente porque aprender cosas nuevas todos los días es una delicia similar a comer algo nuevo. Tiene la ventaja que el saber permanece, los sabores son recuerdos.

Pero los conocimientos también sirven para "descrestar calentanos." Manejados con dosis cuidadosas hay quienes se crean una imagen de sabiduría que trasciende y acrecienta un poco el ego. Si se muestra el conocimiento en exceso se corre el riego de aparecer pedante y soberbio, además de encontrar alguien que conozca más el tema específico y ser contradicho en público como venganza a la prepotencia mostrada.

En RCN radio hace muchos años, tantos que ni se vislumbraba la aparición de su cadena hermana en televisión, había un programa en el cual la gente escribía preguntas buscando "corchar" a los llamados catedráticos. Unos hombres al parecer muy viejos, cultos (o instruidos) en extremo, quienes tenían la función de responder todas las preguntas que les hicieran los oyentes. El corresponsal que hiciera una pregunta que no pudieran contestar correctamente se ganaba un premio. Uno de los catedráticos era Antonio Panesso Robledo y recuerdo haberle dicho a mi mamá una frase como "yo quiero ser como él".

Ahora tengo en algunos círculos fama de saber de muchas cosas. A veces me van a preguntar algo y empiezan "Mauricio, usted que sabe de todo…" y yo les respondo. "Siempre que empiezan así, me corchan.". Y es verdad. Parece que fuera una fórmula mágica para encontrar algo que no se pero en realidad me hace falta tanto por saber que es muy fácil encontrar algo que no conozca. Pero es delicioso saber la respuesta cuando la gente pregunta o también cuando no. Sirve para entender muchas cosas, hacer interpretaciones de un tema basado en lo aprendido de otro. Pero especialmente es rico saber por saber. Solamente hay que estar pendiente, en todo momento estamos descubriendo algo y lo podemos aprender.

Y estoy a pársecs* de llegar a ser tan instruido como Antonio Panesso o cualquiera de los otros catedráticos. Pero sigo en el camino.


*parsec o pársec. (Del ingl. parsec, acrón. de parallax second, segundo de paralaje). 1. m. Astr. Unidad astronómica de longitud, igual a la distancia de un cuerpo celeste desde el que se viera el semieje mayor de la órbita terrestre con un ángulo de un segundo de arco. Equivale a 3,26 años luz. (Símb. pc).

04 febrero 2006


Manhattan desde Weehawken, NJ
Foto MDA

03 febrero 2006

Los humanos somos así

Después de viejo me voy torciendo a la izquierda. Aunque después de ser medio "facho" toda mi vida, lo máximo que aspiro es a llegar a estar bien situadito en el centro y mirar con complacencia las posibilidades que los izquierdosos nos pueden brindar.

Pero lo que siento ahora es algo sompletamente distinto. De la complacencia a la pena ajena. El grupo político Polo Democrático Alternativo, es producto de la fusión al propio estilo empresarial de Wall Street entre el Polo Democrático Independiente y Alternativa Democrática. Y hoy nos muestra su raigambre de izquierda en la cual el único que puede tener la razón soy yo (bueno, si fuera uno de ellos). Se engarzaron en una disputa del más propio estilo Partido Liberal Colombiano por definir cual de las dos vertientes, llamadas Radical y Moderada, era la más fuerte. Esas vertientes no tienen nada que ver con las dos facciones que se unieron para formar el PDA.

De esto solo quedó que aparentemente el más fuerte es el ala radical, muy afín con Hugo Chávez tal como sus representantes lo han ratificado. Pero terminaron siendo el ala fuerte de un partido débil (algo como la cabeza del ratón) porque las intrigas que se develaron durante la conformación de las listas al Senado y la Cámara mostraron que están lejos de ser el ideal de la gente. Uno de los pocos que muestra cierta sensatez se retiró de la contienda (Antonio Navarro) y más le valdría al ex magistrado Gaviria que hiciera lo propio. Decían que era el único partido que sacaba la cara y acaba de esconderla como los otros dos.

En fin, me da tristeza que una opción aparentemente con fuerza y que posiblemente podría aportar para la solución de nuestros problemas se desvanezca en las envidias y por la soberbia de unos pocos.

En fin, como vivo repitiendo, somos humanos y los humanos somos así.

02 febrero 2006

El día más famoso

Cómo no hablar del día más famoso de Bogotá. Una jornada en la que se nos olvida el carro particular y buscamos medios de transporte alternativo. La mayoría de los conductores usan el taxi ese día, pero hay algunos que se le miden a la bici.

Pensaba salir a tomar fotos para este blog pero el día estuvo gris y no hubieran salido bonitas. Además que me daba susto la inseguridad de andar con mi camarita por la calle.

Estuve toda la mañana por la calle en la bicicleta que me prestó mi hermano y descubrí la red de ciclorrutas, aunque esa red parece una atarraya enredada en el río y rasgada al salir. Es frecuente que la ciclorruta termine de manera abrupta y haya que tomar la vía de los vehículos, con el riesgo que implica algún conductor furioso. Tragué humo como un desesperado. El número de vehículos disminuye a un 10% (eso dicen) pero los que quedan son los más contaminantes. No se cómo hace mi hermano que todos los días se mueve en bici por la ciudad, con esa humareda tóxica de los buses.

Esta ocasión no se activaron las ciclovías dominicales. Hubo que usar las ciclorrutas y los que esperábamos al menos un carril en las vías que suelen tener ciclovía quedamos fríos. Pero eso hace que sea un día más y no un día de fiesta como fue en sus primeras ocasiones. Usamos la infraestructura que tendríamos cualquier otro día, mostrando que podemos usar los medios alternos cualquier día del año, si nos aventuramos entre el humo, en los taxis o en los transportes colectivos.

A pesar de la displicencia del alcalde Garzón (dos años y nada que me convence ni un poquito) la jornada es exitosa. Ya se va volviendo un día más de la ciudad y debemos buscar alguien que nos reavive la euforia de las primeras veces. Recuerdo esa vez, fui al trabajo en bicicleta y el regreso fue pasado por agua. Hoy a pesar del día gris no llovió.

Hay algo que olvidaba y es que cada vez veo más mujeres usando la bici. Antes no pasaban de sus monaretas, hoy usan como cualquier hombre las ciclorrutas y se transportan por sus propios medios, en un caballito de acero. A lo mejor cuando las mujeres se atrevan a usar más los pedales, podremos pensar que ellas convenceran a sus parejas, como saben hacerlo muy bien.

Y aquí acaba este post, en un lenguaje y en un modo tan diferentes a los anteriores que se va a ver como la uva pasa del arroz con leche.

01 febrero 2006

Casualidades forzadas (cuento)

No tengo duda alguna que pudo verme. Fueron como cinco segundos sosteniendo la mi­rada hacia dónde yo estaba y cuando su tren arrancó, giró un poco la cabeza para seguir mirándome.

No tuve tiempo de reaccionar. Los dos trenes se cruzaron cuando el mío se detuvo en la estación y el de ella ya estaba parqueado en sentido contrario, dejando y recibiendo pasajeros. Yo estaba al otro costado del vagón, en esos asientos que se acomodan de lado y se puede ver la ven­tana del borde opuesto. Mi tren no estaba muy lleno, de tal forma que cuando se detuvo por completo pude verla, mirando hacia mí por su ventana, con sus ojos azules que reconocería a kilómetros con solo oírlos parpadear.

Insisto, no hubiera tenido tiempo de reaccionar. Tendría que haber corrido hasta las esca­leras, subirlas en medio de la habitual multitud, atravesar todo el pasillo que cruza so­bre las vías, bajar por las escaleras y correr hacia su tren. Calculo que me hubiera to­mado más de 20 segundos realizar la tarea y como ya dije antes, no fueron más de cinco los que tuvimos la oportunidad de vernos. Aún hoy, tanto tiempo después, man­tengo la duda y he pensado en simular el evento y emprender carrera con el mismo reco­rrido y cronometrar el tiempo invertido. Pero siempre me abstengo. Por la vergüenza de imaginar lo que la gente estará pensando de mi y porque, quién quita, descubra que esta carrera como de los olímpicos se haga en un tiempo tan corto que me haga arrepentirme de no haberme lanzado en su búsqueda. Y porque debería ahorrar para el pasaje.

Siempre había estado pendiente de encontrarla en los sitios en los que imaginaba podía aparecer. Conocí sus gustos y hay algunos tan arraigados que no veía posible que de un momento a otro los hubiera cambiado. Así que a veces camino hacia los lugares por donde creo podría pasar y me siento en algún café a buscarla, a esperar que doble la esquina y su pelo negro, ondulado y largo se sacuda como solía suceder y descubra que, finalmente, es ella. Pero encontrarla en otro país era improbable; nada es imposible pero si no la había podido ver en el nuestro, ¿cómo podía encontrarla allá? Mas, ya ves, así sucedió. Ahora la busco en los lugares más inauditos porque ya nada me quita la ilusión de verla de nuevo.

Estoy segura que me reconoció. Más de una vez debió haberme visto en el barrio y creo que también cuando la observaba desde mi ventana. Mi esposo, ahora mi ex, siempre se preguntaba qué tanto miraba yo hacia a fuera hasta que decidió creer que era simplemente un hábito heredado de alguna abuela chismosa que se sentaba a hacer bolillo en la ventana de su casa, en algún pueblo blanco. Del otro lado de la calle la cortina nunca cerró y me parecía que ella buscaba la forma de mostrarse a través suyo para que, entre edificios, pudiéramos vernos. Aunque no deja de ser mera ilusión, tal vez permanecía abierta para alguien más en mi edificio o simplemente le gusta la luz.

Hasta que el camión de la mudanza se llevó todo. ¿A quién le podría preguntar a dónde se fue? Solo tenía la oportunidad de encontrarla en la calle, en una de esas casualidades forzadas que yo buscaba. Así ando todavía, montando en tren y tomando café como una desesperada. Forzando casualidades.

Mauricio Duque Arrubla
Enero 2006

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