20 marzo 2009

Peatones reflectivos como ciclistas

La cultura ciudadana bogotana ha adoptado el uso de elementos que aumentan la seguridad de los ciclistas cuando van por las vías. Me refiero al uso de casco, espejos y a los elementos reflectivos. Sobre estos últimos quiero hablar y cómo sería de interesante que fueran usados por los peatones.

En mi experiencia de coductor de automóvil he tenido que enfrentar muchas veces el evento de un peatón cruzando una avenida frente a mi vehículo y que yo a duras penas pueda verlo en la oscuridad de la noche. A veces en realidad no los veo pero el bulto interrumpe la visión de las luces de los autos que vienen en sentido contrario o tapan la visión de algún objeto adelante. Esto me hace deducir la presencia de alguien o algo que no veo y ha evitado varios atropellados a mi cargo. Cuando era exclusivamente peatón nunca caí en cuenta de este peligro. Creo que los bogotanos de a pie tampoco lo han notado y se exponen por descuido a ser arrollados.

He visto (y tengo en mi ropero) algunas prendas de vestir con unos discretos elementos reflectivos. Esos que en las fotografías con flash brillan como los ojos de los gatos. Debería existir la conciencia de usar prendas con estas características si se va a caminar por la noche en la ciudad o por carretera donde el alumbrado a veces no existe. Sin embargo, hay gente que prefiere el "lucir bien" y no usa esos elementos porque dicen que se ven lobos. Si no les parecen "fashion" y anteponen la moda a la seguridad, al menos deberían usar ropas de colores claros o intensos pero el frío y el clima bogotanos hacen que generalmente usemos ropa oscura. El uso de estos elementos debería ser, por lo menos, obligatorio para las personas más viejas o los minusválidos. No tiene que ser del color verde que se ve muchas veces a los ciclistas en la noche. Hay unos plateados más bien discretos que nos harían mucho más visibles ante los conductores.

Mientras tanto, sigo atento a cualquier sombra que se mueva en la calle mientras conduzco. Pero los años pasan y los ojos se cansan de ver tanto. Los peatones están confiados cruzando las calles jurando que uno los ve y tiene la obligación de parar. El deber de frenar es real, aunque puede suceder que uno no los está viendo. Así no hay obligación que valga.

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