18 diciembre 2011

El momento

En una conversación, anoche, me contaban una especie de anécdota. Le preguntaban a algún alto ejecutivo de una gran mutinacional en dónde vivía. Y él, que llevaba 5 meses trasladándose entre diversas ciudades y países dijo inicialmente: "yo no vivo en ninguna parte". Luego de pensarlo un rato más dijo :"yo vivo donde está mi esposa. Mi regreso es donde ella está". Al menos así recuerdo o me inventé la anécdota. El caso es que la mujer no vivía en un solo sitio sino que, por su trabajo, viajaba entre Nueva York, Reino Unido y Francia. En el sentido estricto, él nunca regresaba de donde venía pero el viaje a donde estaba su pareja era su verdadero retorno.

En las notas de mi teléfono quedó apuntado como "viajar vs regresar". La diferencia entre ir de un lado a otro y volver a dónde está la propio, la conexión a la realidad. Hace varios años leí por ahí algo acerca del sueño que tenemos todos de viajar si nos ganamos la lotería. La persona que escribía decía que viajar permanentemente sin estar regesando a un hogar, a una base, era a final de cuentas poco emocionante y cansaba mucho. Decía que sí alguien quiere dedicarse a viajar el resto de su vida debería tener una o dos casas a dónde regresar para de allí volver a partir al paseo siguiente.

Cuando estuvimos en nuestro viaje en España y Marruecos, hace algunos años, a la tercera semana ya queríamos volver a Bogotá a pesar que la estábamos pasando bárbaro (como me dijeron que la estoy pasando yo en estos días). La casa, la cama, la comida, el baño propios. En cambio este viaje, a un ritmo distinto, pausado, viviendo y no corriendo, no ansía su final. Es inevitable que vuelva pronto a Colombia. Claudia posiblemente quede unos días más en este contienente. Pero no añoramos volver, es más un destino resignado.

Anoche en la misma conversación dije que si había un momento en mi vida para emigrar de Colombia sería este. A ver qué nos trae el 2012.

16 diciembre 2011

De luces y sombras

Soy un animal diurno. Desde hace muchos años me despierto con la aurora entrando por la ventana. Dormir más allá me cuesta mucho trabajo. Por supuesto, muchas veces tengo que levantarme más temprano, cuando aún está oscuro. Pero a los pocos minutos ya empieza verse el azul del cielo. En la noche tengo algo más de tolerancia pero, en general, soy malo para trasnochar y con mucho esfuerzo llego solo hasta medianoche. Todo esto para hablar de los cortos días de 6 horas de luz que en esta época son la norma en Estocolmo. Oficialmente el amanecer es después de las 8 AM y el atardecer finaliza a eso de las 4. A esa hora es de noche.

Levantarme a la hora en que lo hacía en Bogotá, digamos a las 6, ha sido imposible. El despertador del teléfono lanza su aviso a esa hora pero es como si me despertara a las 2. Embotado, a duras penas apago el timbre y vuelvo a dormir hasta que 9 minutos después vuelve y suena. En medio de esa repetición suena también el celular de Claudia y ni por esas logramos despertarnos. Con mucho esfuerzo, y porque ella debe levantarse para ir a la oficina, a eso de las 7 abandonamos la cama. Pero ¡qué dolor!

Poco a poco por la persiana empieza a colarse algo de luz. Cuando salgo a acompañar a Claudia a la estación del metro suele haber, a lo sumo, una luz gris. Otras veces aún es oscuro. Pero pocas horas después empieza a caer el sol, antes de las 3 PM en estos días,  y pronto volverá ser de noche por 18 horas.

Es fácil caer en la costumbre del horario solar en la que se desayuna al salir el sol y se come poco después del ocaso. Es aún más fácil dejarse invadir por la pereza y creer que a las 6 ya es hora de dormir. Mantenerse despierto es un ejercicio de voluntad para quienes venimos del trópico y la disciplina ayuda a que la depresión no nos invada. Pero no somos los únicos porque los nativos del país reniegan y se quejan como nosotros de tanta oscuridad. Se pensaría que con el paso de varios inviernos la gente se va acostumbrando pero oigo quejarse a otros latinos (incluso de países con estaciones como Argentina) con varios años viviendo acá, que terminan tirando la toalla buscando la forma de regresar a vivir a sus países. Debe tener también mucho que ver con la soledad, el tema de la entrada anterior, pero uno de los motivos de queja más frecuentes y explícitos es la oscuridad del invierno. Quién sabe de los motivos ocultos.

Es duro ver que cada día es más corto y cada noche más larga. Los suecos celebran la noche más larga del año el 13 de diciembre. Es el día de Santa Lucía, representada por una niña que trae de regreso la luz. Acá ya eliminaron la expresión Santa y la llaman solo Lucía. En realidad la noche más larga no es la de ese día pero es una celebración que, al menos con ese nombre, data de siglos atrás cuando en Suecia se usaba aún el calendario Juliano. También tienen bellas tradiciones de iluminar las ventanas con velas durante el adviento. Las velas son un elemento muy usado acá porque significan esa luz que el sol no nos da pero nosotros nos inventamos la forma de iluminarnos mientras regresa.

En estos días ya no oscurecerá más temprano que el día anterior. Poco a poco el atardecer retrocederá y será unos segundos más tarde. Luego minutos y horas. El amanecer sigue haciéndose cada día más tarde como hasta el 30 de diciembre pero en total, la noche más larga es alrededor del 22 de diciembre y empieza uno a ver en los sitios de internet cómo los ratos de sol son unos pocos segundos más que ayer. Y empieza uno a entender mucho de estos personajes suecos y su cultura.

--- Fotos de un concierto que tradicionalmente se lleva a cabo para la fecha de celebración de Lucía---




15 diciembre 2011

Cuando la soledad vino a mi encuentro

La tradición que heredamos de España suele mostrar a la muerte como un esqueleto vestido con túnica y capucha y que lleva en su mano la guadaña con la cual corta la vida a los humanos. Supongo que debe haber por ahí, en alguna cultura, una personificación equivalente para la soledad. Mientras la encuentro, yo puedo decir que anoche la vi en persona. Alguna vez estuve cerca de la muerte, no iba tras de mi pero sentí su aliento que envolvía el pueblo donde estaba. Esa historia la conté en otra ocasión. Hoy es el turno de mi encuentro con la muerte en vida.

Estábamos en una reunión de extranjeros en Estocolmo, planeada por una organización que se encarga de contruir esas redes de expatriados que sirven como apoyo o simplemente diversión. Pasadas las 9 de la noche llegó una mujer que no conocíamos a sentarse con nosotros y nuestros amigos a entablar conversación, nada extraño porque de eso se tratan esas reuniones. Es venezolana, con ex esposo sueco y por eso llegó a esta ciudad. No sé por qué uno acá siente cierta alegría cuando encuentra alguien que hable el mismo idioma y más aún si es originario de un país cercano al propio, en geografía o cultura.

Los expatriados suelen (solemos) ser gente desarraigada, con más o menos nostalgia de sus tierras y pocos lazos en las ciudades donde viven (vivimos) lo cual podría calificarlos(nos) como solitarios. Pero en esta mujer que nos abordó sentí algo que no había sentido en ninguna de las otras personas que me he topado en estos encuentros. Ella de verdad buscaba compañía. Enfatizaba en que ya no estaba casada con el sueco y que no tenía nada que ver con él. Un par de frases más y percibí el abandono y la desolación. Nos preguntó por Colombia, por cómo estábamos en general, cuánto llevábamos en este país y hablamos de esas cosas de las que uno suele hablar en estas reuniones para empezar a conocer a la persona frente a sus ojos. Era tan diferente a los demás, transmitía tristeza y en verdad no era muy cómodo para mí hablar con ella. Aunque no es fácil para mí hablar con extraños esta situación tenía algo especial que no soy capaz de expresar en palabras.

A la hora que ella llegó nosotros ya estábamos cerca de irnos. Me pedía, casi me rogaba, que le dijera a mi esposa que nos quedáramos dos minutos más y le habláramos. Claudia estaba en otra conversación con unas amigas latinoamericanas conocidas desde antes y no oía estas súplicas. No podía contarle a Clauz lo que pasaba porque esta mujer entendía inglés y, obvio, español y estaba junto a mí. Así que no me sentí en el momento para explicarle lo que estaba pasando. Finalmente salimos con nuestra amiga alemana que nos esperaba, a quien ya le habíamos dicho que salíamos con ella.

Nuestra nueva amiga venezolana quedó allí y se acercó a conversar con la argentina y la peruana con las que Claudia había estado hablando hasta que salimos. Quedamos con ella en buscarla por la red para de pronto vernos en otra ocasión. Tal vez.

Si la soledad tiene una figura humana, como la muerte, se debe parecer mucho a esta mujer. Y es una figura normal, como usted o como yo, sin huesos, guadañas, ni vestimenta extraña. Ella no es la soledad pero es una manifestación muy cercana.

Puedo decir que vi la soledad a los ojos, posó su mano en mi hombro y respiró el mismo aire que yo. Y tuve miedo.


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PS: Varios días después de esrito este post sonó al azar esta canción y pensé que es muy adecuada para este escrito.

"Siempre en las noches, mi mamá
buscaba el sueño frente a la televisión
y me pedía que, por favor, no la apagara
su soledad, pena que el cuarto no aguantaba
aunque jamás lo confesó"

Rubén Blades, Cuentas del alma

09 diciembre 2011

Rapidez

No es que acá no pase nada. Es que cuando pasa las respuestas son diferentes.

Ayer al mediodía vi esta señal enfrente de mi edificio. Alguien pasó por encima de ella


Hoy, menos de 24 horas después estaba así:


Esos son los momentos en que me invade la cobarde envidia

Ahora sí: ¡nieve!

Está visto que en este barrio nieva menos. Al menos si lo comparo con la zona donde está la oficina de Clauz. Acá anoche venteó fuerte y hasta nos despertó pero no cayó más que una aguanieve jarta y peligrosa. En cambio por allá estaba blanco, no fue una gran tormenta ni se acumularon muchos centìmetros de nieve pero sí nieva con decisión y sin dudas. Ahora sí, es invierno.

Esos sitios donde la nieve se ha vuelto como barro, si hace buen frío esta noche, mañana serán patinódromos por donde los mortales deberemos tratar de mantenernos en pie.

Como nos enseñaron las mamás

Muchos colombianos en países como en el que estoy, donde los conductores de automóvil respetan los pasos peatonales que nosotros llamamos cebras, han pasado por lo que yo cuando queremos cruzar una calle. Por nuestra habitual desconfianza a los conductores y por el desconocimiento general de que ellos deben detenerse antes de una cebra, así no haya semáforo, nosotros esperamos a que dejen de circular carros para poder cruzar la calle. Sin embargo, sucede que los conductores de estos países saben que el haber un peatón al lado de ese paso rayado los obliga a detener el vehículo. Y se da entonces durante medio segundo esa situación en que el conductor se pregunta por qué este peatón no cruza, ¿será que puedo arrancar? y el de a pie dice, por qué este conductor más bien no avanza y me deja pasar...

Pues sí. La costumbre y la norma en este país es que el peatón tiene toda la prioridad y el automóvil debe darle paso en esas zonas, que están bien demarcadas y con avisos que las señalan. Pero yo no me acostumbro a tanta dicha y siempre me detengo, miro a ambos lados, así la calle sea de un solo sentido, y solo después de asegurarme que el conductor me ha visto y va disminuyendo su velocidad, me atrevo a caminar hacia la otra acera. En Bogotá he visto el caso contrario, de amigos que viven en Nueva York y van cruzando sin siquiera disminuir la velocidad de su caminar y que se llevan su gran susto porque un carro pasa a su lado, porque alguien que los acompaña los hala del brazo o les grita que miren antes de cruzar. Y en Bogotá decimos "es que son muy confiados"; en esta ciudad podrán decir que soy muy desconfiado. Como buen conductor bogotano que soy no respeto todas las cebras como debiera. Cuando estoy en zonas residenciales generalmente dejo pasar al peatón así la cebra no esté demarcada o ya se haya borrado (algo que aquí a veces también pasa). Pero en algunas avenidas, como la Avenida de La Esperanza cerca de mi casa, no puedo detenerme a dar el paso. Primero porque los autos de los otros dos carriles no se detienen y segundo porque el carro de atrás no espera que yo pare en una avenida en la que podemos ir a 70 km/h.

Pero como esta ciudad por buena que sea no es perfecta, he visto algunos casos de conductores que no se detienen y de peatones que se lanzan a la cebra cuando el vehículo está muy cerca haciendo que el conductor tenga que aplicar bruscamente los frenos. Porque el conductor tiene toda la responsabilidad y donde llegue a atropellar a una persona sobre el paso peatonal se mete en tremendo lío, así haya habido mucha imprudencia del caminante.

Por eso siempre miro antes de cruzar. Y porque he visto que los conductores van con frecuencia distraídos en su teléfono, porque puede que no me hayan visto, porque con el invierno el suelo se pone resbaloso y yo no podré realizar maniobras evasivas y ellos tal vez no puedan parar a tiempo. O porque, aquí también pasa, pueden ir borrachos, dormidos o huyendo de la policía.

Y como las [buenas] costumbres no se pierden doy las gracias levantando mi mano a los conductores que se detienen y me dan paso. No sé en realidad ellos qué piensen de este saludo. Por si las dudas, a veces trato de sonreír.

07 diciembre 2011

Lina, María y el Karolinska

"Soy rubia y de ojos azules. Llevaré un abrigo negro". Esas fueron las señas que me dio para reconocerla. Inicialmente dije: perfecto. Sólo después caí en cuenta que la gran mayoría de las mujeres en Estocolmo son rubias, tienen los ojos azules y, por esta época, llevan ropa muy oscura. Pensé, entonces, que tal vez no eran las mejores señas para reconocerla. Pero ella me tranquilizó diciendo que seguramente sería la única persona esperando en ese sitio: la entrada principal del Instituto Karolinska, justo bajo las letras doradas. Yo no conocía el sitio entonces supuse que sería suficiente aunque, por si acaso, yo llevaría mi chaqueta roja para que ella me encontrara si yo no lo lograba. En efecto, no es un sitio como para esperar a alguien en comienzos del invierno así que no había riesgo de no vernos. Yo llegué temprano porque mi bus pasó antes de lo esperado. Tuve, entonces, como 10 minutos para tomar algunas fotos y dar unas vueltas antes que ella me dijera “Hi, Mauricio?”

Lina es una mujer joven, alrededor de los 30. Es, en efecto rubia y de ojos azules y es bonita. Ser rubia de ojos azules en Suecia no es garantía de belleza, en especial si uno ha vivido unos días acá y empieza a acostumbrarse a verlas en todas partes. Sin embargo, no puedo negar que hay muchas mujeres muy bonitas y que se arreglan muy bien lo cual las hace más atractivas. Volviendo a lo importante, Lina es la novia de un conocido de Clauz aquí en Suecia y muy gentilmente se ofreció a ayudarme a aclarar mis dudas sobre el Karolinska, el instituto que decide cada año el ganador del premio Nobel de medicina. También dijo que podría hacerme los contactos si yo estaba interesado en visitar alguno de los muchos laboratorios donde se hace la muy famosa investigación médica que surge de esta institución. Está haciendo un doctorado en virología y su proyecto de investigación tiene que ver con identificar los sitios donde el virus de la inmunodeficiencia humana, VIH, se esconde cuando los medicamentos han reducido la carga viral a niveles indetectables pero que permiten el resurgimiento de la infección si se suspende la, hasta ahora, inevitable terapia perpetua con el coctel de fármacos que condujo a reducir los niveles del VIH en la sangre del paciente.

Almorzamos juntos a la espera de María, una amiga suya, sueca también, que está cursando una de las maestrías en las cuales estoy interesado y que también iba a responder mis preguntas, si tuviera, sobre el programa que estudia: Global Health. Mientras tanto Lina me contaba sobre ella, Edward (su novio), sobre dónde aprendió español, su doctorado, sus viajes a San Francisco para trabajar con los pacientes y yo le hablaba de mí, de qué buscaba en el Karolinska, de cuánto tiempo iba pasar en Estocolmo en esta ocasión y varios otros temas. Es una mujer muy amable, me sentí muy cómodo hablando con ella a pesar de mi balbuceante inglés (hasta que dijo que hablaba español y que le gustaría practicarlo). Pero no llevábamos ni cinco minutos en la comodidad de mi idioma, ella hablaba con su acento mitad mexicano y mitad español, cuando apareció María. Procedimos a cambiar de nuevo el idioma de la conversación. No es tan joven como Lina. Es más, dice que es de las de más edad y experiencia profesional en su maestría lo cual termina siendo una ventaja. María está en el programa de Global Health y con cada palabra que hablaba de su maestría me enrolaba más en mi decisión de hacerla. Que, como su nombre lo indica, tiene un enfoque global a diferencia del máster en Public health. Que solo es un año en vez de los dos que toman las demás maestría del Karolinska pero que eso no durará para siempre. Que está contenta con el curso que está tomando ahora que es de enfermedades infecciosas. Que las directivas prefieren un grupo internacional de estudiantes y que tengan bastante experiencia y no sean tan jóvenes. Que ahora que los extranjeros debemos pagar por el estudio en Suecia hay menos postulantes y que las directivas buscan cómo ayudar a los pocos para que no se pierda el carácter internacional del programa. Que los aportes que hacen las personas de más edad y los de otros países hace muy valiosa la discusión en clase. En fin, sin ser grandes descripciones, hubo palabras clave que me hicieron animarme. Mientras tanto Lina hacía preguntas clave que a mí no se me ocurrían y que hicieron en extremo provechoso el almuerzo con ellas dos.

Nos despedimos pensando que no será la última vez en el Karolinska, que haré los contactos para que Lina hable con el esposo de Irma Milena y puedan tal vez hacer algún convenio para trabajar en virología. Lina tal vez venga en unos años a vivir a Latinoamérica, María va a Mozambique como parte de su investigación para el trabajo final de la maestría y yo seguiré viendo cómo organizo mis cosas para estar estudiando y tal vez trabajando en el lugar que era mi sueño profesional en el pregrado, cuando pensaba que la investigación era una opción profesional de verdad. A lo mejor el año entrante o el siguiente estaré contando y sufriendo mi nuevo estudio.


06 diciembre 2011

Nieve. ¿Nieve?

Y continuando con lo incierto del pronóstico del clima y contradiciendo lo que había dicho en el post anterior, anoche nevó. Una especie de "garúa" de nieve que apenas si manchó el suelo de mi terraza y que en la calle ya despareció convirtiéndose en hielo en algunas zonas. Pero se nota que no ha enfriado tanto porque aún se ven charcos de agua líquida, esos que cuando de verdad baje la temperatura serán sólidos y resbaladizos.

La gente caminaba con normalidad aunque nosotros tomábamos nuestras precauciones porque aún vamos descubriendo las zonas donde se forma hielo. Las líneas blancas de las cebras, los pasos peatonales, son lugares de riesgo. No son tan resbaladizas como las de Bogotá que con la sola lluvia se hacen jabonosas pero parece que son sitios que hay que transitar con más precaución.

Hay una cosa acá que llaman "black ice". Ocurre, al menos, en las carreteras y es el hielo recien formado que no se distingue contra el asfalto. Y hace que los conductores desprevenidos puedan perder el control de su carro. Ayer en la mañana hubo varios accidentes por hielo en carreteras en todo el país. Comenzarán a regar sal para que la formación de hielo se demore. Y empezarán los controles para que se usen cadenas en las ruedas cuando se transite por las careteras.

No sé a que horas nevó, debió ser al comienzo de la madrugada. Pero a las 9:30 PM, hora en que me acosté, aún era incierto si nevaba o no. Yo, algo maniático, obsesivo y novato, ando pendiente del pronóstico y por eso salí a mirar tan pronto me levanté. Hay quien lleva más tiempo viviendo acá, que ya tiene confianza, a quien lo toma por sorpresa estas nevadas de mentiras que vuelven resbaloso el suelo y requieren de unos zapatos con algo màs de agarre para evitar las ya pronosticadas caídas.

05 diciembre 2011

Invierno

Nos enseñaron en el colegio (sí, a usted también) que el invierno en el hemisferio norte comienza el 21 de diciembre. Digamos que oficialmente es así pero existen otros parámetros para definir si el invierno llegó o no, aparte de una fecha determinada. En este país se define el arribo del invierno cuando la temperatura promedio por cinco días seguidos es de cero grados celsius o inferior. Según eso, entendería que a cada ciudad le llega el invierno en un momento determinado porque no es lo mismo el norte que el sur de Suecia. Alguien, tal vez, me aclarará luego.

En años anteriores ya se había declarado invierno para una fecha como la de hoy: 5 de diciembre. En esta ocasión parece que en Estocolmo solo entraremos a esta estación el próximo fin de semana porque el pronóstico del tiempo indica que  la tendencia es a estar bajo cero los próximos cinco o seis días. Pero eso del pronóstico del tiempo aquí también es una ciencia oculta.

La semana pasada estuve muy pendiente de cuándo sería la primera nevada. Aparecían pronósticos de nieve o agua-nieve para el fin de semana que terminó y para hoy o mañana. Lo curioso es que el pronóstico del SHMI es actualizado muchas veces al día y si hace una hora pronosticaba algo es posible que ahora diga algo diferente. El cambio puede darse, y er bien notorio, incluso para el pronóstico de las 24 horas siguientes. no se diga lo que puede pasar con la proyección de 5 o 10 días.

El hecho es que cada vez es más inevitable la llegada del verdadero frío. En los últimos días hemos estado por debajo de cinco grados y muchas veces alrededor de cero. Para esta semana que comienza todo indica que estaremos más fríos aún y la sensación térmica, esa medida al parecer vaga y subjetiva de alguien scando la mano a ver cómo se siente, indica que percibiremos temperaturas aún más bajas. Pero a esta hora de este día no hay pronósico de nieve para los 10 días que vienen.

Eso sí, ya llevamos dos días, sábado y hoy, que se forma algo de hielo en algunas aceras. Varias personas me han prevenido de lo peligroso que puede ser y del cuidado que hay que tener. Pero que no me preocupe si me caigo. Todo el mundo cae. Sin pensar en el "qué dirán" deberé levantarme y tratar de seguir adelante.

04 diciembre 2011

Fotogenia

Salgo todos los días con mi cámara al hombro. Bueno, casi todos.  En los pocos días en que no la cargo me valgo de la cámara del viejo teléfono. Una vida de tres años largos en un celular es mucho tiempo, especialmente si es un iphone.

La cámara Canon SLR que uso la compramos Clauz y yo luego que, de regreso del viaje a España, quedamos antojados de las cámaras que les vimos a los demás turistas. Eso fue hace tres años y desde entonces solo tuvo uso medianamente intensivo una vez en un el viaje al eje cafetero. Por lo demás ha estado guardada soñando con una Bogotá segura donde ella y alguien más pudieran salir a tomar fotos del centro y otros lugares. Sin preocuparse de los ladrones al acecho ni de los policías que la imaginen capturando imágenes con fines terroristas.

En Estocolmo estamos felices. Ella y yo. A diario buscamos escenas que nos parezcan meritorias de archivar. Muchas veces tenemos el reto de enfrentar dificultades meteorológicas en las que manejar la luz o cambiar los lentes presentan gran dificultad. Pero la ciudad, por su parte, busca hacernos las cosas fáciles. Nos muestra belllos parques, hermosos edificios, finos carros Y de vez en cuando soleados cielos. Hoy por ejemplo la ventana del apartamento nos enseña un hermoso cielo azul. Y los sitios de meteorología indican que fuera hay  cinco calurosos grados centígrados de temperatura.

Ella quisiera, también, tomar fotos de personas. Pero es tan tímida y retraída como yo. Solo se atreve a fotografiarlas a lo lejos, sin que la noten, desde atrás de un árbol, usando su lente de acercamiento. Tenemos esa deduda con nosotros mismos: registrar la fotogenia de las personas. A nuestro estilo, con nuestras limitaciones. Pero la gente también lo hace fàcil porque hay belleza en todas partes y nos dan situaciones merecedoras de una foto. Únicamente faltamos los fotógrafos.

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Y así, sin querer y sin notarlo, se cuela una vez más la comparación con mi ciudad. Que en esta puedo hacer  aquello pero en esa otra en cambio esto otro. Pero así quedó este texto. Mientras, pueden ver la foto diaria, de las muchas que tomo, en http://enmediodelruido.tumblr.com/. Y también pueden ver a este viejo con su perrito.

02 diciembre 2011

Turista (de otra parte)

Por mi vecindario pasa mucha gente con equipaje. Vivo en las cercanías de la estaciones centrales de los trenes, buses y metro (Tunnelbana) de Estocolmo. Será por eso que hay mucha gente con equipajes. Y también muchos que luchan contra el viento y los dobleces de los mapas, porque también cerca de donde vivo está Drottningattan, la calle que lleva al, tal vez, más buscado sitio turístico de Estocolmo: Gamla stan.

Pero es el centro de la ciudad y no solo de ilusiones de viajeros se alimenta la zona. También hay comercio, incluido el de ciertos elementos no muy legales. Pero prefiero concentrarme en lo que cada maleta y su propietario llevan consigo y lo que buscan o sueñan con sus viajes, abrazando o abandadonando esta ciudad.

Soy un turista de más largo plazo pero turista al fin y al cabo. Tal vez conozca algo más, me pierda un poco menos, me mueva más confiado por las calles y tenga intereses en conocer más allá del turismo inmediato. Pero me sigue moviendo la curiosidad de las nuevas costumbes, los lugares que no conozco y los cientos de fotografías que podría tomar. Aún no me concentro en la política local, los problemas diarios de los Estocolmitas ni en el idioma. Si a duras penas entablo conversaciones en español, y difícilmente lo hago en inglés, no esperen que mi sueco hablado vaya a ser el mejor. Tal vez sí logre leer y escribir pronto.

Ya veremos si algún día llego a dar el paso inadvertido del vistante al ciudadano.

01 diciembre 2011

¿A dónde se fueron los dueños?

En Estocolmo, y en otras ciudades suecas, es bastante común encontrar bicicletas abandonadas en los lugares en los que los usuarios las amarran. Surge siempre la pregunta, como surge en otras ciudades del mundo, ¿por qué las olvidan allí? Puede uno ver que no son bicicletas de lujo pero de todas formas no entiendo los motivos. ¿Son bicicletas ajenas? ¿Son de las bicicletas públicas? ¿Ha muerto su propietario? ¿Cambió de ciudad sin tomar la precaución de quitar la bici de allí?

De lo más extraño para mí como visitante es que, a pesar que la evidencia muestre que lleva mucho tiempo ahí, nadie las quita. Alguna vez vi una de las abandonadas algo desvalijada, pero en general están completas. Estocolmo no es solo la ciudad de las bicicletas. Es, de paso, el cementrio de las bicicletas abandonadas.

En Bogotá no sucedería esto por varias razones: 1. poca gente, en proporción a la población, usa la bicicleta para el transporte diario 2. No pasaría un día sin que la robaran o deguazaran. 3. En general perder una bicicleta sería un golpe económico notorio para su propietario y se esforzaría en no abandonarla por ahí.

Solo en una ciudad y un país donde el uso de la bicicleta es promovido y repetado puede uno encontrar casos como los que me generan mi pregunta de hoy.

Recuerde que además de estas entradas encontrará más a través de los links de Ruidos Archivados