10 octubre 2012

El tiempo del ruido


 “… vimos en el centro del patio a alberca bautismal donde fueron cristianizadas con sacramentos marciales más de cinco generaciones, vimos en el fondo la antigua caballeriza de los virreyes transformada en cochera, y vimos entre las camelias y las mariposas la berlina de los tiempos del ruido, el furgón de la peste, la carroza del año del cometa, el coche fúnebre del progreso dentro del orden, la limusina sonámbula del primer siglo de paz, todos en buen estado bajo la telaraña polvorienta y todos pintados con los colores de la bandera.” (El otoño del patriarca; Gabriel García Márquez)


Desde pequeño oí la expresión "es del tiempo del ruido" para hablar de algo muy viejo. Solo hasta ahora conozco la historia detrás de esa expresión que tiene varios cientos de años (al menos la ocurrencia del ruido).

Pueden leerla en el blog que una amiga escribe sobre catástrofes

http://forcemajeurecat.wordpress.com/2012/10/09/el-tiempo-del-ruido/

04 octubre 2012

Por qué (no) leemos (II)

En el post anterior mencionaba razones por las cuales la gente no tiene un hábito de lectura frecuente. En este planteo ideas sobre cómo mejorar ese fenómeno. 

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Los estudiosos están comenzando a reconocer que la literatura abarca hoy en día un campo más amplio que solo los libros. Hoy día, por ejemplo, importantes escritores dedican importante cantidad de su tiempo a la escritura de guiones originales para series de televisión reconocidas por la calidad de su producción y la profundidad de sus historias. Añadimos a esto las adaptaciones a la pantalla de obras escritas para formatos impresos tradicionales. Esas también son formas de consumir cultura y literatura

Para proponer soluciones o alternativas a las causa de por qué no leemos podemos buscar las causas de por qué la gente sí lee y determinar la brecha entre ellas y proponer maneras de 


  • Es divertido, es como oír al abuelo contar historias
  • Es útil, leo porque aprendo gramática, ortografía y vocabulario
  • Es la mejor forma de aprender sobre mi oficio o profesión y es a manera de mantenerme actualizado
  • Me gusta escribir y cuando leo conozco nuevas formas de hacerlo e invento nuevas posibilidades de mejorar y sorprender
  • Me distrae de la realidad
  • Es entretenimiento de mayor calidad que el de televisión y prensa
  • Lo acostumbro desde niño cuando leía con mis padres



Sin embargo aún es incierto por qué la gente lee, por qué hay fenómenos en ventas como la saga de Harry Potter o El código Da Vinci. Parece no haber evidencia empírica suficiente que permita dilucidar ese secreto y de haberla ya estaría siendo usada por los escritores y editores para publicar obras prefabricadas con el fin exclusivo de vender.

Puedo reunir en dos grupos las motivaciones de la gente hacia la lectura:

Leo porque me es útil. Son razones similares a “Leo porque me sirve para aprobar las materias en el colegio o la universidad, leo porque lo necesito para mi trabajo y conseguir mejores empleos al estar actualizado”
Leo porque me fascina. Hay algo en las obras que leo que me seduce, algo que va más allá de mi raciocinio y que hace que me encante leer

Todos sabemos por qué fumar es malo, por qué comer muchas grasas nos enferma y por qué hacer ejercicio nos hace bien. Pero eso nos impulsa poco a dejar de fumar, a comer saludable, a tener una rutina de ejercicio físico. Igual sucede con la lectura. Podemos encontrar fácilmente en la literatura y en internet artículos con los beneficios de la lectura pero conocerlos no tiene ningún efecto. Entonces, ¿debemos evitar usar esos argumentos para tratar de convencer a la gente que leer es importante? No. Podemos usarlos pero combinados de manera adecuada con otros mensajes y persuasiones.

Alguien que necesite mejorar su redacción para preparar los informes de la junta directiva puede ayudarse a lograrlo mediante la lectura. Le podemos informar los beneficios que produce y en seguida proponerle lecturas de su interés. Si, como en este caso es un administrador, podemos buscar buenas revistas de Gerencia y Administración de empresas donde sepamos que hay un editor cuidadoso con el lenguaje. Este tipo de lecturas le será útil y además lo acostumbrará al tipo de lenguaje y redacción que se usa en el campo de los negocios. De nada nos serviría sugerirle que lea poesía que, aunque termine gustándole, no tendrá el efecto específico que estamos buscando. Pero a lo mejor sea el camino de entrada para que esta persona termine leyendo literatura con fruición.

Cuando un médico ordena a su paciente que debe hacer ejercicio debe no solo indicarle cuál es el que más le sirve sino tratar de encontrar las rutinas que más gusto proporcionen al enfermo. Puede sugerirle ejercicios al aire libre si eso es lo que le gusta, o puede plantearle rutinas de gimnasio de alto o bajo impacto según la necesidad y el gusto, puede sugerirle algún entrenador o entrenadora atractivos que lo motive a realizar su rutina. En fin, persuadir a una persona a formar un hábito como el de la lectura no se logra solo con datos y evidencias. Hay que buscar también tocar las fibras del alma y encontrar la forma para que la actividad se vuelva habitual.

Usar el lenguaje y sus manifestaciones, como la lectura, debe ser algo placentero como practicar el deporte que nos gusta. Si hacemos una analogía rápida, podemos proponer que para ser igual de felices leyendo que jugando fútbol (escojo este deporte solo a manera de ejemplo) podríamos seguir una secuencia similar a esta:


  1. El niño conoce el balón y empieza a manipularlo
  2. Entiende cómo se comporta el balón y empieza a jugar con él
  3. Encuentra un adulto que lo guía y le muestra nuevas opciones con el balón
  4. Conoce las reglas del juego y decide cuándo seguirlas o cuando romperlas
  5. Encuentra amigos que también gustan del fútbol y se reúne con ellos
  6. Llega a acuerdos con sus amigos sobre cómo jugarlo, en qué campo, con qué balón, cuántas personas
  7. Va logrando la maestría en el uso de la pelota y va alcanzando niveles cada vez más profesionales
  8. Escoge en cuál posición jugará o en cual se divierte más
  9. Se involucra en campeonatos o exhibiciones
  10. Decide pertenecer a un equipo profesional
  11. Se hace experto jugador de fútbol
  12. Se vuelve una estrella con reconocimiento mundial

No todos tenemos que llegar a ser Lionel Messi, podemos escoger hasta qué nivel de avance queremos llegar o cuál necesitamos para el trabajo o estudio. No todos queremos ni podemos ser Vargas Llosa, Carlos Fuentes o García Márquez. Pero con entrenamiento y disfrutando el proceso podemos avanzar en nuestros hábitos de lectura. Y si ayudamos a los otros a encontrar su interés, lo que los fascina y lo que les es útil podemos aumentar su frecuencia de lectura a niveles antes no esperados.

01 octubre 2012

Por qué (no) leemos (I)

Había escrito este texto y el del próximo post para una nueva revista y no volví a saber de su suerte. Que no se pierda en un naufragio.

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Por qué no leemos


La humanidad lee desde hace relativamente poco tiempo, la mayor parte de su existencia ha pasado sin que el ser humano pueda o quiera leer y escribir.  La escritura solo apareció hace 5 mil años pero, a pesar de su invención, el acceso a obras escritas no fue masivo sino hace pocos siglos. Se dice que Gutenberg inventó la imprenta de tipos móviles durante el siglo XV, así se facilitó la difusión de información y la alfabetización de la humanidad. Sin embargo a comienzos el siglo  XVII, cuando se publicaba El Quijote, la costumbre era que la gente escuchara historias en voz alta y que alguien leyera para grupos. Aparte de la baja alfabetización existente en Europa en esas épocas, era una cuestión de hábito y tradición. Se afirma que la obra de Cervantes, por su estructura y forma, estaba pensada para ese tipo de lectura grupal.

De ahí que preguntarse sobre por qué la gente no lee no es una inquietud que pudiéramos aplicar a cualquier momento de la humanidad sino a una práctica de no más de 3 siglos, desde el siglo XVIII, cuando se hizo más común eso de leer a solas y mentalmente, hasta el día de hoy. ¿Ha logrado cambiar la actitud humana? ¿Está el rechazo a la lectura vinculado en cierta forma a comportamientos aprendidos por miles de años que no han sido totalmente remplazados por el hábito adquirido de la lectura?

Con el muy reciente desarrollo de las telecomunicaciones, suscitado tras la aparición de los computadoras personales y muy especialmente con la masificación de las conexiones a internet, comenzamos a hablar de diferentes medios de consumo de los contenidos que con anterioridad solo podíamos leer en un libro o escuchar en la voz de un expositor. Hoy día el acto de leer, antes tan tradicional y apegado al medio que llamamos papel, ha dado saltos que pueden ser simples cambios de formato o medio de publicación, por ejemplo leer en libros electrónicos; o complejos como participar en la creación de historias dinámicas donde cada consumidor desarrolla una argumento diferente sobre un mismo producto cultural. Es el caso de los juegos de  video y el cine interactivo.  La tecnología que ha creado nuevas formas de productos literarios puede también enfocarse a lo más tradicional. Ha abaratado y facilitado la creación, producción y distribución de las obras. Aunque muy relacionada con la llamada piratería, también ha facilitado que lectores y en general usuarios compartan contenidos y que los lleven consigo en dispositivos móviles capaces de cargar decenas de libros en poco espacio y muy livianos.

Limitemos hoy nuestra pregunta a ‘¿por qué la gente no lee libros?’ Es posible que en vez de estos soportes las personas escojan ilustrarse leyendo revistas pero cuando en el común escuchamos la pregunta ‘¿por qué no leemos?’ nos referimos casi siempre a leer libros. Diversos estudios muestran que la tendencia tiene fuertes raíces en nuestra infancia. Así se ha reconocido el efecto del entorno (padres, hermanos, maestros, compañeros de escuela) y se ha llegado a la conclusión que actividades como la lectura compartida, en voz alta, selección de libros adecuados a la edad y hábito de lectura causan impacto en los hábitos de lectura del adulto.

Existen, otras razones que han sido relacionadas con bajos hábitos de lectura, y entre muchos otros, resalto estas:


  • Métodos de entretenimiento que exigen menor esfuerzo: es definitivamente más fácil engancharse a un ligero programa de televisión que con la mayoría de los libros
  • No hay tiempo: las obligaciones sociales y familiares dan la apariencia que el tiempo no nos alcanza para leer
  • Los libros son costosos: tengo gastos más apremiantes
  • No tengo práctica, me cuesta concentrarme
  • Es aburridor
  • La vida diaria es dura: escojo algo que me desconecte de la realidad y no me haga sufrir más de lo que el día a día ya me está causando
  • Prefiero ver series, películas o usar mi tiempo en juegos de video
  • Salud visual (de especial importancia en los niños, uno de los menos mencionados y tal vez menos estudiados): Me canso al leer porque no veo bien y no tengo acceso a lentes

Hay que reconocer también la existencia del paradigma social que dice más o menos así: “el que lee es culto, es de mejor clase, está en una posición más alta que los ignorantes que no leen.” Podemos encontrar en ese prejuicio otra causa importante de que la gente no lea porque no quiere verse diferente a los demás, que lo traten de sabihondo ni desconectarse de los temas de conversación de su grupo social. Algunas de las personas quienes leen con frecuencia hacen ver a los otros como inferiores, de manera consciente o inconsciente. Estas actitudes generan rechazo al hábito de lectura señalándolo como “de intelectuales”.

En el próximo post continuaremos este tema y hablaré sobre ¿qué hacer para fomentar el hábito de lectura?

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