09 diciembre 2005

Una tras otra cortina de humo

Con cierta frecuencia encontramos en los medios de comunicación notas sobre personas que son acusadas de crímenes que no cometieron. Sí, como en las películas. Equivocaciones de los organismos de seguridad y en varios casos se afirma que son complots creados para desviar las investigaciones y ocultar una realidad bien oscura. El más reciente es el caso del supuesto asesino de Hernando Pizarro quien ha salido de la cárcel por pena cumplida y afirma su inocencia a los cuatro vientos con un candor que limita en la ingenuidad infantil. Lo malo es que yo le creo a esa ingenuidad.

Los casos aislados no pasan de ser meras anécdotas pero si asociamos sólo tres que han ocurrido recientemente nos entra el escalofrío al pensar en manos de quién estamos. Hace unas pocas semanas surgió el escándalo en el DAS por la infiltración de los paras y por falsos "positivos" que se montaban para ganar reconocimientos. Posteriormente se supo del regaño público del presidente al ejército por manipular la información en el sentido de pretender que los liberados de un secuestro masivo en la sensible zona del guaviare habían sido liberados por ellos cuando la realidad era diferente. Y este último del asesinato de Hernando Pizarro. La verdad la desconfianza que siento en las instituciones encargadas de impartir justicia se basan en este tipo de montajes. Fácilmente el Das, la Policía, la Fiscalía, etc. "arman la película" que permite como por arte de magia descubrir a los delincuentes si existe la presión del gobierno o la opinión pública.

Entonces salen a relucir las voces diciendo que son elementos aislados en las instituciones. No lo creo. Este tipo de prácticas es algo que lleva muchos años implantado en el modo de actuar de estos organismos o sus antecesores. Recordemos el caso de los supuestos asesinos de Galán, presos durante años y terminaron ser inocentes. Y son quienes han mostrado más "éxitos" los que son reconocidos y terminan ascendiendo a los cargos directivos. Llevan sus malas costumbres a la cúpula y las bases saben que la mejor forma de triunfar es a partir de montajes de este tipo.

Cuando escuchamos las afirmaciones del supuesto asesino de Pizarro se nos antoja una confabulación estilo Los archivos X en la cual reconocidas personalidades del poder están involucradas en un complot para desvirtuar la verdad permanentemente. Suena fantasioso, lo sé, y seguramente hay mucho de mitología urbana en estas supuestas sectas secretas que manejan el país desde el trasfondo del teatro. Pero cuando afirmaciones de montajes se repiten una y otra vez debemos empezar a considerar que pueden ser verdad.

Sabemos que los gobernantes, las grandes corporaciones e incluso los esposos infieles pillados tienen como una de sus herramientas el distraer la atención. Cuántos de los supuestos intentos de asesinato de gobernantes totalitarios como Chávez y Castro han sido "autoatentados". Es cierto que muchos quieren asesinarlos, pero ellos se apalancan en esa realidad para andar montando escenarios irreales para ganarse el apoyo de un pueblo que por nacionalismo o por cualquier otro motivo le da soporte al mártir del imperialismo. Y estas situaciones no son solamente de la izquierda, simplemente son casos recientes y conocidos que se usan a manera de ejemplo.

La duda metódica cartesiana se torna en una actituda sensata en estos casos, especiamente cuando por milagros inexplicables o en muchas ocasiones referidos como "colaboración ciudadana" se descubren los delincuentes en operaciones espectaculares y divulgadas con la complicidad inocente de los medios en medio de una parafernalia absurda. Estas cortinas de humo, como la de la película de cine, ocultan el trabajo de gente honesta que se esfuerza por resolver los casos más sencillos donde no hay intereses de por medio o los que todavía conservan sus ideales y creen que se puede trabajar por una Colombia honesta.

Lo más triste de todo esto es que se trata de un comportamiento humano estándar. Confunde y vencerás. No es un mal colombiano o de un partido político o el gobernante de turno. Existe la esperanza. Existirá mientras la mayoría imparcial pueda escoger a gobernantes pulcros. Claro que hay que buscarlos como se rastrean las sustancias antidoping, en medio de una cantidad de interferencias y en cantidades infinitesimalmente pequeñas. Porque a simple vista no se ve el primero así.

Publicado en semana.com el 6 de enero de 2006
http://semana.terra.com.co/opencms/opencms/Semana/articulo.html?id=92201

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