30 octubre 2006

Un poquito perdidos en Chingaza


Clauz me pidió que saliéramos el fin de semana a caminar por algún lugar de los alrededores de Bogotá. Eso fue todo. No teníamos claro dónde ir y cuánto tiempo dedicarle a esa actividad que los dos buscábamos para conectarnos con la naturaleza y desenchufarnos de este ruido. Mientras tomábamos camino hacia algún lugar al norte de nuestro apartamento ella sugirió que desayunáramos en el pueblo de La Calera. A mi mente vinieron los recuerdos de las arepas de laja que venden allá y a ella el aroma imaginado de un caldo con costilla.

Empezábamos así nuestro paseo del sábado, con huevos, chocolate, aguadepanela arepas y sin caldo porque ya se había terminado en el local donde decidimos comer. De allí seguimos hacia el norte buscando un lugar donde detenernos y bajarnos del carrito, pero en ese trayecto encontramos a pocos kilómetros la desviación que nos llevaba al Parque Natural Chingaza. Hace unos años el acceso a Chingaza estaba cerrado para extraños ya que ni con autorización era permitido su acceso, todo por la presencia de los frentes de las FARC en la zona. Hoy ya se puede ir y hacia allá nos dirigimos. En el camino encontramos un soldado sin uniforme que nos hizo señas para que le diéramos un aventón hasta donde se ubica su guarnición, dentro del parque y en la zona en la que el Acueducto de Bogotá administra uno de los embalses más grandes del país. Nos contó su admiración por el presidente Uribe y entendimos que al hablar él hablaban todas las fuerzas militares. Conocimos de primera mano la fascinación que causa entre las filas.


A la entrada del parque natural nos detuvimos porque no teníamos el permiso de ingresar el vehículo más allá del puesto de control. Pero eso no iba a detenernos y seguimos a pie en busca de las lagunas de Siecha mientras el soldado, de nombre Jaiver, esperaba que algún vehículo del acueducto lo llevara a él y a su carga 40 minutos en carro dentro del parque.


El contacto con la naturaleza fue íntimo: llegamos de barro casi hasta las orejas. No pensábamos que la aventura incluyera que nos perdiéramos un rato en el parque al salirnos del estrecho camino que habíamos tomado y nos internáramos entre los frailejones. Pero el cielo nos había bendecido con un clima aceptable, teniendo en cuento lo duro que puede llegar a ser en el páramo, y habíamos tenido la precaución de determinar hitos para el regreso. Entonces sabíamos hacia donde debíamos dirigirnos así estuviéramos atravesando la maraña y nos halláramos fuera del camino. Fueron solo tres horas de camino, no llegamos a las lagunas de Siecha, solo vimos otras desde lo lejos pero entendiendo que habíamos entrado al parque tarde tuvimos el único atisbo de sensatez del día y nos devolvimos antes de seguir buscando a ciegas las hermosas lagunas que algún día yo había conocido pero llegando por otro camino. Durante el trayecto por un instante nos acompañaron los dos únicos cóndores que permanecen en el parque, de los del programa de repoblamiento que se desarrolló con el zoológico de San Diego. Majestuosos nos observaron un rato tal vez como unos bichos extrañamente grandes y siguieron su vuelo casi sin aletear.


El parque es hermoso, puede ser muy frío (andábamos como a 3600 metros sobre el nivel del mar) e invita a volver con todos los permisos que permitan ingresar al centro de esas 75mil hectáreas de naturaleza. A la vuelta, con la ropa embarrada, tuvimos que quitarnos zapatos y medias empapados y manejé descalzo, una sensación extraña pero muy cómoda. Almorzamos a eso de las 5 frente al embalse de San Rafael, en un restaurante donde entramos descalzos y embarrados a comer carne asada muy sabroso y viendo caer la tarde en los cerros, detrás de los cuales se encontraba Bogotá y una ducha de agua caliente que nos reconfortara.

Algunas fotos más en mi cuenta de flickr

11 comentarios:

Julio Suárez Anturi dijo...

Envidiable caminata. Abrazo.

pequeña padawan dijo...

envidia envidia envidia. a ver si viendo sus fotos logro paliar un poco el síndrome de abstinencia de verde y de monte que por estos días me tiene fregada...

LuisCarlos dijo...

son paisajes bastante extraños para mí

hace años que no voy a una zona así.

gracias por llevarnos

Un Gerente dijo...

juep. . . michica envidia, me transportó al paramo de mis amores, además recorde un fin de semana en el Santuario de fauna y flora de San Pedro de Iguaque, por villa de leyva allá en la laguna donde los chibchas dicen que se inició el mundo

GUAGUAU dijo...

ESPECTACULAR TODO ESTO CHINGAZA ES UN ESPECTACULO...
CON LA UNIVERSIDAD FUI HACE TIEMPOS PERO Y RESPIRAR ESE AIRE PURO Y PALPAR ESA BELLEZA ES UNICO HERMANO.....
ABRAZO VIRTUAL

Mauricio Duque Arrubla dijo...

Hola a todos, grcias por pasar.

Padawan, en esas andábamos, como usted, y por eso buscamos desconectarnos aunque fuera un solo día

Gerente. Yo también anduve por Iguaque, hizo parte de nuestro viaje de bodas. El vieje lo hicimos para ofrecer nuestra unión a la tierra, la naturaleza y el universo. En este de Chingaza hicimos algo como renovar nuestros compromisos con el planeta.

Guaugua, Luis Carlos, Julio, les mando un tris de aire puro virtual (y un poco de frío)

El Mazo dijo...

Me uno al resto de comentarios, la envidia me consume, pero no tanto por el paisaje como por haber tomado esa foto de un cóndor en pleno vuelo. Apenas pueda intentó ese viaje con cámara en mano.

Álvaro dijo...

Muy buena tu crónica y las fotos. Me uno a la envidia generalizada!

Elízabeth dijo...

Sin palabras Mauricio... y lindas las fotos, como siempre
Liz

galo dijo...

Yo también me uno a la envidia. La próxima vez que vaya a Bogotá me pego la voladita y voy a conocer el parque.

Anónimo dijo...

me gustaría ir ya averigué y es bien económico que chevere nuestro pais con sus bellos paisajes y su hermosa naturaleza

Recuerde que además de estas entradas encontrará más a través de los links de Ruidos Archivados