16 enero 2007

Paradoja

Yo también escribo cuentos. A pesar de la sequía creativa propia del fenómeno del niño todavía lo aseguro en tiempo presente y no en pasado. Hace unos meses escribí un cuento del cual me siento realmente orgulloso, uno de esos que uno teme que le plagien; uno de esos que hacen parte del sueño de ganar algún reconocimiento y parece ser el apoyo perfecto; de esos de los que uno piensa que a nadie más se le ocurrirá uno idea "tan brillante". Pero también es de esos que para principiantes como yo crean una barrera sicológica porque uno piensa que el siguiente tiene que ser aún mejor y eso da pánico.

Pues resulta que el cuento trataba el tema de la separación de una pareja a causa del secuestro de uno de sus miembros. Poco o nada había oído hablar de ese tema y por eso me pareció tan novedoso. Tal vez para otros no había tanta novedad pero yo estaba contento. Ahora el tema se ha vuelto común dado que se supo la historia del ex ministro que, mientras estaba en poder de las FARC, perdió a su esposa. Su mujer no aguantó los años de separación y se enamoró de otro. De repente sentí que se estaban metiendo con mi cuento.

No se si sentirme orgulloso de la anticipación que tuve al hablar de un tema que resultó más común de lo que se cree. O Sentirme apesadumbrado porque lo que creía solo mío resultó de muchos otros. Lo único que sé es que me motivó a escribir después de muchas semanas sin ideas. Las situaciones no son tan malas como a veces parece.

2 comentarios:

El Mazo dijo...

orgullo por favor, acercarse a la realidad no es pecado.

Monteivan dijo...

Una historia interesante, lo animo a que la publique en su blog o parte de ella.

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