06 febrero 2012

De ida y vuelta. Viaje por el metro de Estocolmo (primera de cinco partes)

De ida y vuelta
Viaje por el metro de Estocolmo

A Clauz. Sin ella esto no hubiera sido posible y nunca hubiera sido tan bueno como fue



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Nevó buena parte de la madrugada y el exterior está cubierto con una suave alfombra blanca. Me dirijo desde nuestro apartamento a la estación Rådhuset, la más cercana del Tunnelbana, el metro de Estocolmo. Alguna vez cronometré el tiempo que toma ir hasta allí. Fueron poco más de ocho minutos. De ese tiempo alrededor de 3 minutos transcurren desde la boca de la estación, en la calle, hasta que termino de sumergirme en el manto rocoso por donde se mueven estas serpientes y alcanzo la plataforma. Estas cuentas, junto con los precisos y respetados horarios de llegada de los trenes a cada estación, me permitirían calcular la hora exacta a la que debería salir para estar subiendo al vagón sin esperar casi nada y llegar puntual a mi destino. Pero el ritmo de vida que llevo no me obliga a esos estrictos horarios y puedo darme ciertos lujos y esperar en estaciones o aguardar a la persona con la que voy a encontrarme mientras se da la hora exacta.

Mi estación habitual no es una de las importantes. No sirve para hacer conexiones, no es de muy alto tráfico. Aunque sí tiene una sucursal de Pressbyrån, una cadena de tiendas de comodidad (convenience stores) que ubica al menos un local en cada estación de metro, excepto en muy pocas. La de mi estación está por la otra salida, la que yo casi nunca uso. En mi lado hay una tienda cualquiera que se hace llamar Direkten Pressbaren. No puedo decir que sea de las estaciones más insignificantes porque hay algunas que tienen entrada por uno solo de sus extremos y no tienen un Presbyrån. La mía, al menos, tiene salida por ambos lados. Solo pasa la línea azul, pero con dos destinos en una de sus direcciones, es decir comparten parte del trayecto pero en una estación abren sus caminos con finales diferentes. En algunas otras solo pasa una línea con un destino en cada extremo y nada más. Cerca de mi apartamento también está la más grande de las estaciones: T-Centralen. Tal vez por eso mismo, por grande, concurrida, céntrica y a veces sucia, prefiero utilizar la otra para mis salidas y llegadas. Hay una entrada a T-Centralen que me obliga a una caminata más larga hasta la plataforma pero por la cual me expongo menos al aire libre. Puedo llegar haciendo conexiones a través de las estaciones principales de buses y trenes de cercanías, con puertas más cerca de mi sitio. Aun así, prefiero la estación pequeña. Tal vez el clima no ha tenido la rudeza suficiente para hacerme dudar porque, en realidad, el invierno ha sido suave según cuentan los suecos. Aunque hace poco descubrí el camino a otra entrada de la estación central que me lleva directo a las plataformas de la línea azul. Me toma casi el mismo tiempo llegar a la plataforma que los 8 minutos a Rådhuset, un poco menos, pero cruza por un lugar que no huele bien. Y tal vez el beneficio en tiempo no es tanto.

Esta ciudad está construida de tal manera que hay algunas formas de evitar exponerse al clima despiadado y es a través de túneles, edificios, almacenes, por los cuales uno puede pasar bajo techo y con calefacción. Pero siempre habrá sitios o momentos en que se camina a cielo abierto. Así voy hoy, consumiendo los cinco minutos que el reloj me ha dicho me demoro atravesando calles y recorriendo aceras mientras me dejo cautivar a cada paso por el crujido de la nieve fresca bajo mis botas. En unas horas los cristales ahora esponjosos se convertirán en un bloque único de hielo resbaladizo, o en un lodo oscuro y poco atractivo en las zonas de tráfico de personas o vehículos.  Cruzo a la isla de Kungsholmen, pronto llego a la boca que me traga y me dirijo a buscar la línea 11, dirección Akalla. Antes de en verdad llegar a la estación y sus controles de entrada debo caminar por uno de esos túneles que mencionaba, y que desemboca en otra entrada al sistema de transporte varias calles más al sur. Al túnel he llegado bajando unas cortas escaleras fijas. Las eléctricas son, en este caso, solo para subir. Como en muchos lugares de esta ciudad, existe la ayuda para que las mamás con sus coches bajen o suban estas escaleras tradicionales. Dos rampas han sido construidas sobre los peldaños para que las rueditas de los coches puedan deslizarse. En medio están los escalones por donde sube o baja la mamá o el papá. Estas facilidades también las aprovechan quienes llevan carga en esas carretillas de dos ruedas o los carteros que llevan la correspondencia caminando mientras arrastran sus carritos. En muchos otros lugares de Estocolmo encuentro rampas similares para que los ciclistas suban o bajen sus máquinas sin tener que echárselas al hombro y llenar de barro sus trajes.

El túnel presenta un leve declive descendente que termina frente a las puertas de la estación y poco a poco sube de nuevo hacia la otra salida de donde surgen un par de niños con sus “tablas” (monopatines, patinetas en otras épocas). Aprovechando el suelo liso y la inclinación los niños se lanzan cuando no hay transeúntes. O cuando los hay. Desde mi entrada al túnel es más corto el trayecto que pudiera usarse como patinódromo pero en cualquiera de los dos lados el túnel tiene atravesadas unas puertas de marco metálico más bien estrechas que le limitan el área útil. Allí es muy fácil estrellarse contra los viajantes de a pie. O contra las mismas puertas. Aun así, hoy los patinadores disfrutan de las condiciones físicas de la estación. En la mitad del túnel, frente a la mini tienda y el restaurante eritreo, llego a las ruidosas puertas automáticas que me dan el paso deslizándose al llegar frente a ellas. Debo casi tocarlas porque los sensores no están calibrados para abrir desde muy lejos. Así no se mueven sin necesidad cuando alguien pase frente a ellas pero sin intención de entrar. Como los patinadores, por ejemplo.

Claudia ya ha pagado el tiquete para el metro. En realidad pagó por un mes. Fue en la sencilla tienda Pressbaren y allí mismo se puede hacer la recarga de las tarjetas de acceso para el mes siguiente. Hay muchas formas y lugares donde se pueden adquirir los tiquetes del metro. Es posible comprarlos bajo muy diversos esquemas de precio con ahorro por compra anticipada hasta por un año, para estudiantes, ancianos y con planes especiales para turistas por 1 a 3 días. Existe, por supuesto, una máquina que expide tiquetes y tarjetas en ausencia de humanos pero un pequeño detalle técnico de la tarjeta del banco colombiano la hace inútil para nosotros. A la presencia del plástico azul las puertas deslizantes que han ido remplazando los viejos torniquetes dan paso a la larga escalera eléctrica que casi siempre bajo caminando mientras la cinta se desplaza. Es aburrido esperar una escalera que toma casi un minuto en hacer su recorrido.  En otras ocasiones las bajo casi corriendo, cuando los avisos en la entrada me indican que está por llegar mi tren. Para facilitar esos movimientos de último momento los suecos se ubican siempre al lado derecho de la escalera mientras bajan. Así alguien puede adelantarlos por su izquierda si tiene más prisa. Es verdad que usualmente no tengo afán pero otras veces llevo el tiempo medido para encontrarme con alguien y en las horas de poco tráfico en el día esperar el siguiente tren toma hasta 11 minutos. Tarde en las noches pueden ser 20 o más. El hecho es que hoy llego y alcanzo a sentarme en la banca de madera. Otras estaciones tienen bancas de concreto, frías e incómodas para largas esperas. En mi memoria estaba un recuerdo, posiblemente inventado como muchos otros, donde estas bancas tenían calefacción años atrás, cuando vine por primera vez a esta ciudad. En todo piensan estos suecos, hasta en calentar el jopo en las estaciones de Tunnelbana. En el viaje de este año encontré las mismas bancas en la plataforma azul de T-Centralen pero algunas estaban frías. Otras sí dan calorcito mientras, por ejemplo, en las madrugadas se espera por casi media hora el siguiente tren. Al fin de cuentas no resultó tan inventado el recuerdo.

3 comentarios:

blogdelgerente dijo...

jejejeje imagino que es el recorrido de un hombre de barba cerrada, sombrero, bufanda, un largo abrigo gris y una glock .45 cargada y desasegurada empuñada en un bolsillo del abrigo...

Mauricio Duque Arrubla dijo...

jaja...la barba el abrigo y la bufanda casi.... Pero es como un sicario medio romántico. U personaje interesante para una novela

Blogdelgerente dijo...

si, de una novela de misterio... la imagen del sicario es muy nuestra y en ese entorno no aplica(digo yo)

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